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Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

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Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Vie Feb 02, 2018 11:21 am

¡Hola a todos!

A finales de mayo de 1940, cuando tenía lugar el desastre de Dunkerque y la evacuación de la Fuerza Expedicionaria Británica, tres periodistas del Evening Standard de Lord Beaverbrook se reunieron, como de costumbre, en un pub para discutir sobre la catástrofe militar de Francia. En la discusión surgió la idea de publicar un libro y buscar un editor para el mismo, que finalmente encontraron en Victor Gollancz, el fundador de la editorial homónima y del Left Book Club, una publicación de izquierdas. Comenzaron a escribir el libro el 31 de mayo y lo terminaron el 4 de junio, con cada periodista escribiendo 8 capítulos del total de 24. El libro, en realidad un panfleto, llevó por título Guilty Men, y sus autores aparecieron con el seudónimo de Cato (pues siendo empleados de Lord Beaverbrook, tenían prohibido publicar en otras editoriales o diarios que no fuesen propiedad de su empleador), publicándose el 5 de julio de 1940 como el primero de una serie del Left Book Club titulada Victory Books. Los tres periodistas eran Michael Foot (miembro del Partido Laborista y, más tarde, del Parlamento), Frank Owen (un radical del Partido Liberal y miembro del Parlamento, el más joven, en 1929-31) y Peter Howard (del Partido Conservador) (1).

El panfleto es una diatriba contra los gabinetes de MacDonald, Baldwin y Chamberlain (y sus principales colaboradores) por sus decisiones erradas, cuando no fraudulentas, y miopes en política exterior, por su fracaso en rearmar a tiempo y de forma adecuada a la nación para hacer frente a las amenazas de una guerra en tres frentes -Europa, Mediterráneo y Extremo Oriente-, por sus cegueras en no advertir la ideología criminal del nazismo, por sus concesiones a Hitler y Mussolini, y por adoptar decisiones políticas que, al respecto, fueron totalmente contrarias a las que defendía la mayoría de la sociedad. El libro no resiste un análisis crítico y por ello lo tildo de panfleto, pero su éxito y su influencia son incuestionables. Publicado el 5 de julio de 1940 (poco después de la evacuación de Dunkerque y la capitulación de Francia, y con la amenaza de la invasión nazi de Inglaterra), vendió 50.000 copias en sólo unos días y 200.000 a finales de año, con 21 ediciones en sólo 11 semanas. Cato llamó “hombres culpables” a los MacDonald, Baldwin, Chamberlain, Sir John Simon, Sir Samuel Hoare, Sir Horace Wilson...recapitulando al final de su panfleto (en mayúsculas en su original, cursiva y negrita mías):

But one final and absolute guarantee is still imperatively demanded by a people determined to resist and conquer: namely, that the men who are now repairing the breaches in our walls should not carry along with them those who let the walls fall into ruin. The nation is united to a man in its desire to prosecute the war in total form: there must be a similar unity in the national confidence. Let the Guilty Men retire, then, of their own volition, and so make an essential contribution to the victory upon which all are implacably resolved. (2).

Guilty Men reflejaba los sentimientos que albergaban muchísimos británicos -políticos, militares y civiles- sobre los políticos que habían gobernado el país durante la década de 1930, en especial sobre Sir Neville Chamberlain y su absoluto fracaso en su política de apaciguamiento. Este panfleto, junto con las críticas de Churchill (especialmente en su The Gathering Storm, libro publicado en 1948), marcó la tónica general de la crítica que se vino haciendo sobre Chamberlain y sus principales colaboradores en la política de apaciguamiento hasta mediados de la década de 1960. Con la apertura en esa década de las actas del gabinete Chamberlain, y la aparición de otras fuentes documentales y memorias, una serie de historiadores, llamados revisionistas (de la ortodoxia relativamente existente hasta entonces), cuestionaron los argumentos de la escuela ortodoxa, que se habían centrado en las personalidades y la política, y vinieron a defender la figura y la política de apaciguamiento de Chamberlain en base a argumentos de carácter estructural, principalmente en los ámbitos de la economía, finanzas e industria. En síntesis, vinieron a concluir que las limitaciones de los recursos británicos en esos ámbitos, de una parte, y el alcance global de la defensa de los intereses del imperio británico, de la otra, hacían de la política doble de Chamberlain (rearme gradual sin tensionar las finanzas e interferir el mercado, más apaciguamiento de los dictadores) la única política viable del momento. Contra esta escuela de revisionistas, surgió a partir de mediados de la década siguiente, tras la publicación de las cartas de Chamberlain a sus hermanas y la aparición de otras fuentes de archivo, la escuela de los llamados posrevisionistas o contrarrevisionistas, que, sin subestimar los argumentos estructurales, vuelven a la centralidad de las personalidades y la política. Los posrevisionistas no han dejado de aumentar tras la apertura de las fuentes de archivo soviéticas y rusas de finales de la década de 1980. De todas formas, ninguna de estas tres escuelas -ortodoxa, revisionista y posrevisionista- ha mantenido incuestionada el campo del debate hasta la fecha (3).

Al que esto escribe jamás le han convencido los argumentos estructurales de los autores revisionistas, según los cuales no había alternativa a la política de apaciguamiento. Por supuesto, había alternativas a la política de apaciguamiento, y la más viable de todas ellas era una política de alianzas acompañada de una política de rearme integral. Según los revisionistas, por simplificar, Gran Bretaña no tenía los recursos económicos y financieros necesarios para hacer frente de manera conjunta a las amenazas contra su imperio, que se traducían en un escenario de una guerra en tres frentes: Europa, Asia y el Mediterráneo. No podía embarcarse en un rearme acelerado, siguen esos argumentos, sin mandar al garete la débil recuperación económica que siguió a la crisis financiera de 1929, tensionar las finanzas y ahuyentar el mercado. En consecuencia, la doble política de Chamberlain -de un rearme lento y gradual, y de apaciguamiento con las potencias expansionistas (Alemania, Japón e Italia)- era la única política realista y viable, así concluyen, para evitar una guerra que Gran Bretaña no estaba preparada para luchar. El argumento de una guerra en tres frentes es fraudulento porque era un escenario prácticamente imposible, en el mejor de los casos, y del todo evitable, en el peor. Un escenario de una guerra en tres frentes ignora la política de alianzas que lo imposibilitaba. Por ejemplo, Japón jamás se lanzaría a una aventura contra los intereses británicos en el Pacífico si ello entrañaba un conflicto con Estados Unidos, y sin cerrar previamente la amenaza a su patio trasero en el Este: la Unión Soviética. Ya empantanada en su aventura china, Japón no podía permitirse la posibilidad de un conflicto general que involucrase a Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética. Lo mismo ocurría con Alemania en Europa e Italia en el Mediterráneo, mutatis mutandis. Tampoco es cierto que una política de rearme integral a tiempo fuese insuperable por las limitaciones económicas y financieras. Tal como advirtió el ministro de Trabajo, Ernest Brown, en un memorando de 1936, la situación laboral era “grave pero no insuperable...si se le da a la industria el tiempo suficiente para adaptarse a las nuevas demandas”. En concreto declaró (cito en su original): “[T]here is nothing in the picture from a labor point of view which would make it impossible to carry out the programme over a reasonable period. If, however, the period is too severely limited, or the rate of acceleration at the start too rapid, the dangers of failure are very real” (4). El único obstáculo insalvable estaba en el propio Neville Chamberlain, quien, primero como ministro de Finanzas (Chancellor of Exchequer) durante 1931-1937 y desde entonces como Primer Ministro, se opuso siempre a un rearme integral bajo la excusa de las finanzas, aunque sus verdaderas y principales razones fueron otras, como veremos más adelante. Sea como fuere, no hay duda alguna de la responsabilidad de Chamberlain en cualquier análisis de la política de rearme de Gran Bretaña durante la década de 1930, tal como reconoce su último y más autorizado biógrafo, Robert Self (6), que no oculta sus simpatías por Chamberlain.

La verdadera razón por la cual Chamberlain se decidió por la política de apaciguamiento y no por una política de alianzas tal como defendió Sir Robert Vansittart (5), se encuentra en los prejuicios ideológicos de este personaje. Había dos “amenazas” para Chamberlain que eran mucho más peligrosas que las amenazas representadas por las políticas agresivas y de expansión territorial de Alemania e Italia en Europa, y Japón en el Pacífico. Una, la más importante, era de orden interno, y se refería a la “amenaza” socialista representada por los sindicatos británicos y el Partido Laborista; la otra, de orden externo, era la amenaza comunista de la Unión Soviética. Incluso en un escenario que odiaba, una guerra contra Alemania en la que Gran Bretaña se acabara imponiendo, el verdadero vencedor no sería Gran Bretaña, según Chamberlain, sino el socialismo, el Partido Laborista y las políticas keynesianas. Ante esta tesitura, Chamberlain prefería y prefirió llegar a un entendimiento con los dictadores. Por ello es tan importante, por no decir determinante, la personalidad de Chamberlain en el embrollo político y diplomático que vivió Europa durante el tiempo que fue Primer Ministro (mayo de 1937 a mayo de 1940).

Robert Self ha escrito que la figura de Chamberlain ha sido malentendida, añadiendo que su larga carrera política ha sido reducida en las críticas vertidas a sus tres años como Primer Ministro:

An obvious explanation for this neglect and misunderstanding is that perception of Chamberlain's long career have been fundamentally blighted by the ultimate failure of his policy of appeasement. Ministers, an even more Prime Ministers, are judged on their record and few could pretend that Chamberlain's very personal form of diplomacy in pursuit of peace was anything other than an abject failure in its primary objective - whatever the crucial secondary benefits it conferred upon a nation gravelly ill-prepared for war. As he confessed to the Commons on the outbreak of war: 'Everything I have worked for, everything that I have hoped for, everything that I have believed in during my public life, has crashed into ruins.' Contemporaries and posterity have judged him accordingly. (7).

Self dice que de retirarse o morir en 1937, en vez de tres años más tarde, Chamberlain habría pasado a la historia “como un gran ministro de tiempo de paz, y un radical pero realista reformador social” (8). Pero esto no deja de ser un pensamiento ilusorio que igualmente podría aplicarse a Hitler si éste hubiese muerto en 1936-1939, mutatis mutandis, en vez de en 1945.

Self confirma que durante su etapa como Primer Ministro, Chamberlain pareció a menudo “autocratic, excessively secretive, inordinately sensitive to criticism and ruthlessly intolerant of all opposition – however well intentioned and constructive. He was also certainly at his most arrogant and complacently self-sufficient in his own omniscience”, pero advierte que este cuadro lleva a asumir falsamente que esas características de su personalidad como Premier reflejan todo el cuadro del personaje en su larga y dilatada carrera de servidor público (9). Y tal vez Self tenga razón, pero sería de una ingenuidad absoluta pensar que Chamberlain pasara a la historia por, digamos, su etapa como ministro de Finanzas, por encima de su trágica y fracasada historia como Primer Ministro. Una posición equilibrada al respecto sería conveniente en una biografía del personaje, que es lo que hace Self, pero, para bien o para mal, Chamberlain ha pasado a la historia por su papel determinante en su política de apaciguamiento durante 1937-1940.

En este sentido, Graham Mackling es mucho más cáustico al escribir:

Even in his own day Chamberlain was regarded by some as irredeemable parochial, a petit bourgeois arriviste, 'a mean and callously fraudulent small tradesman', forever armed with his trusty umbrella into which, in David Low's satirical cartoons, he gradually metamorphosed. To his friends this portrayal of dreary mediocrity was 'a travesty of the facts which is in the worst possible taste'. It is an image that has endured, however, thanks in large part to the well-publicised observations of his contemporaries. Clement Attle observed that whilst Baldwin's mind was 'tuned to the national wavelength', Chamberlain's 'never got beyond Midland Regional'. Lloyd George concurred, spitefully regarding Chamberlain as “a good mayor of Birmingham in an off year'. 'A nice man,' thought Harold Macmillan though, 'very, very middle class and very, very narrow in view'. (10).

Es posible que el odio enfermizo que Chamberlain sentía por los laboristas (a quienes llamó en la Cámara de los Comunes “sucios” y “bestias salvajes” entre otros epítetos) tuviese su origen en la etapa en la que fue ministro de Sanidad (lo fue por un breve periodo entre marzo y agosto de 1923, y luego ya de forma continuada desde noviembre de 1924 hasta junio de 1929 durante la segunda administración Baldwin). En esa época, el Partido Laborista acusó a Chamberlain de ser indiferente a los intereses de la clase obrera y de que sus políticas estaban “asesinando niños”. Según John Ruggiero, Keith Feiling, el biógrafo oficial de Chamberlain, es el único de los autores revisionistas que señaló justamente las disputas de esos años como la raíz de la que iban a brotar los males futuros entre los laboristas y Chamberlain (11). El abismo entre ambos fue tan inmenso que los laboristas se negaron, incluso durante la guerra, a formar parte del gabinete de Chamberlain.

Los autores revisionistas señalan que la política doble de Chamberlain -rearme gradual y apaciguamiento- buscaba ganar tiempo para posponer la guerra y preparar adecuadamente a Gran Bretaña para una posible guerra. Sin embargo, los hechos indican que Chamberlain, en realidad, buscaba evitar la guerra a cualquier precio, y si el precio lo pagaban otros, mejor. Que nunca tuvo la voluntad política de involucrar a Gran Bretaña en una guerra en Europa contra Alemania -bien para honrar los compromisos y garantías que había adquirido Gran Bretaña con países europeos, bien para defender los propios intereses británicos en el continente- lo demuestra su permanente rechazo, ya desde que fue ministro de Finanzas, a la creación de una fuerza expedicionaria suficientemente poderosa capaz de hacer posible la defensa de esos compromisos, garantías e intereses (12). Las dos razones principales de Chamberlain para este rechazo eran de índole financiera por el alto coste del programa del ejército, y, fundamentalmente, estratégica, pues no veía la necesidad de enviar una fuerza expedicionaria a combatir en Europa. La estrategia de Chamberlain era completamente defensiva y por ello sus esfuerzos armamentísticos estuvieron encaminados a conseguir una gran fuerza aérea que actuara como efecto disuasorio en Alemania, relegando al ejército al último lugar en las prioridades de la defensa.

¿Cómo iba a defender Gran Bretaña sus garantías y compromisos en Europa sin un ejército continental? He aquí al desnudo la diplomacia de Chamberlain y la mendacidad de sus declaraciones y discursos públicos como Primer Ministro sobre sus compromisos en Europa. El rearme no era sólo una cuestión de finanzas, sino también industrial, laboral y de poderes ejecutivos y reclutamiento obligatorio. Era un tema complejo que había que planificar con antelación suficiente, y no a última hora cuando la guerra era ya inevitable. Ni siquiera después de la invasión alemana de Praga, para vergüenza del Acuerdo de Munich, se afrontó el rearme con la urgencia y profundidad requeridas:

El rearme tras Munich y Praga no se movió de forma apreciable en relación a la situación internacional. El mismo tipo de problemas que habían surgido durante la Crisis de Munich -falta de cañones antiaéreos, globos de protección aérea, reflectores, y personal para manejarlos- continuó plagando el programa de rearme. (Ruggiero, 130).

Continuaron llegando malas noticias del Panel de Asesores Industriales que se había creado tras Munich para acelerar el rearme. Este panel concluyó que era del todo necesario crear un Ministerio de Suministros con poderes ejecutivos, mientras que el comandante en jefe del Estado Mayor General advirtió que la Fuerza de Campaña estaba “peligrosamente escasa de personal” y la Defensa Aérea no podía estar en permanente estado de alerta sin un servicio militar obligatorio. Chamberlain pretendía que fuese manejada por voluntarios. Pese a toda su oposición, Chamberlain se vio obligado a crear un Ministerio de Suministros, pero aunque su creación se anunció el 20 de abril de 1939, la ley no se aprobó hasta el 19 de mayo siguiente, y aun así era una ley de alcance muy limitado, sobre todo respecto al ejército, y sin poderes ejecutivos suficientes en sus directivas. Además, no era obligatoria y no tenía poder para reclutar mano de obra. Y por si fuera poco, Chamberlain puso al mando de este ministerio a un débil e incompetente Leslie Burgin, que fue despedido inmediatamente cuando Churchill reemplazó a Chamberlain. En cuanto al servicio militar obligatorio, también pese a la oposición de Chamberlain, “la única potencia europea sin servicio militar obligatorio” anunció la conscripción el 25 de abril de 1939. Y al igual que en el resto del rearme, el no hacer las cosas con antelación suficiente produjo tremendos problemas a la hora de hacerse efectivo el reclutamiento, y la nueva ley no se pudo implementar durante meses por falta de nuevas instalaciones de entrenamiento y los necesarios equipo y suministros. Los primeros reclutas no fueron llamados hasta el 15 de julio y sólo debían cumplir con seis meses de entrenamiento. En realidad, la ley de reclutamiento y la del Ministerio de Suministros sólo se diseñaron para agradar a Hitler y no a los aliados de Gran Bretaña, en línea con la política de apaciguamiento. De hecho, tanto Hitler como Mussolini se mostraron muy complacidos por lo moderadas que fueron estas leyes.

Agradar a los dictadores fue siempre el objetivo de Chamberlain, algo que no dejó de demostrar incluso en lo que los revisionistas han considerado sus discursos más duros contra Hitler. Está perfectamente documentado cómo Chamberlain, antes de pronunciar esos discursos, hizo llegar copias de los mismos a Hitler y Mussolini a través de sus canales secretos para explicarles que estaban dirigidos para aplacar la oposición y opinión pública en Gran Bretaña. Porque otra de las nefastas características de Chamberlain como Primer Ministro fue su deshonesta actuación en su empeño por dirigir, en contra de las costumbres y protocolos, la diplomacia y política exterior británicas a espaldas del Feoreign Office. Utilizando sus canales secretos y mediante reuniones clandestinas de sus agentes, sin informar en absoluto al Foreign Office, Chamberlain hizo todo cuanto pudo para torpedear las conversaciones y negociaciones de asistencia mutua con la Unión Soviética, iniciadas pese a su oposición, y propiciar, en cambio, un entendimiento con los dictadores, especialmente Hitler. Y en ese empeño tampoco escatimó esfuerzos para intentar controlar y manejar a la prensa británica con el objetivo de ocultar o silenciar toda información que pusiera al descubierto la indignidad y las humillaciones cosechadas por su política de apaciguamiento.

Por cuestión de tiempo y espacio me resulta imposible abordar con cierta profundidad en este artículo todos estos temas referidos a Chamberlain, pero los dejo abiertos por si algún compañero de foro desea entrar en detalles. En base a todo cuanto he leído -y,, modestia aparte, ha sido bastante y plural- sobre Chamberlain y su política de apaciguamiento, tanto desde el campo revisionista como desde el posrevisionista- no albergo ni una sola duda sobre la desgracia que significó para Gran Bretaña y Europa que un personaje engreído, autocomplaciente y mendaz como Chamberlain fuese Primer Ministro durante los años más complicados de la diplomacia europea. En un discurso el 11 de diciembre de 1939, Winston Churchill reveló con acierto parte del verdadero significado de la política de Chamberlain al declarar: “La política del Gobierno ha dividido a la nación en una época en la que debería estar uniéndola, y fue 'dificultando todo el programa de defensa nacional por miedo a tener que invitar a la cooperación de los partidos de la Oposición'”. Yo añadiría, para completar la realidad de los objetivos de esta política, y por miedo a molestar a los dictadores de Alemania e Italia, con quien se buscaba el entendimiento, de tener que llegar a acuerdos con el socialismo británico, el comunismo soviético y las naciones democráticas. Si alguna vez se puedo evitar la IIGM, tal como la conocemos, disuadiendo o neutralizando la política de agresión nazi fue mediante una política de alianzas y rearme y no con una política de apaciguamiento. Esto es evidente en retrospectiva, pero también lo era para muchos de los políticos contemporáneos que lo denunciaron.

(1) Sidney Aster (1989), “'Guilty Men': The Case of Neville Chamberlain,” en Robert Boyce y Esmonde M. Robertson, Paths to War: New Essays on the Origins of the Second World War (New York: St. Martin's Press) 233-268; Cato, Guilty Men (London: Victor Gollancz Ltd., 1940).
(2) Cato, Guilty Men, pp. 124-125.
(3) Para un análisis historiográfico del apaciguamiento recomiendo el artículo de Sidney Aster (2008), Appeasement: Before and After Revisionism, Diplomacy and Statecraft, 19:3, 443-480.
(4) John R. Ruggiero, Hitler's Enabler. Neville Chamberlain and the Origins of the Second World War (Praeger, 2015), p. 73.
(5) Robert Self, Neville Chamberlain. A Biography (Ashgate Publishing, 2006).
(6) Véase Michael Lawrence Roi, Alternative to Appeasement: Sir Robert Vansittart and Alliance Diplomacy, 1934-1937 (Praeger Publishers, 1997).
(7) Robert Self, Op. Cit., p. 3.
(8) Ibid.
(9) Ibid., p. 4.
(10) Graham Mackling, Chamberlain (London: Haus Pulishing Ltd., 2006), pp. 1-2.
(11) Ruggiero, 172. El historiador británico Sir Keith Grahame Feiling escribió, a petición de la familia, la primera biografía oficial de Chamberlain: The Life of Neville Chamberlain (London, 1946). Son unas 500 páginas apologéticas: las primeras 300 cubren la vida de Chamberlain hasta poco antes de ser elegido Primer Ministro por el Parlamento; las 145 siguientes la etapa de 1937-40, y las últimas 50 los apéndices e índice. El libro está disponible en la Red.
(12) La oposición de Chamberlain a una fuerza expedicionaria está documentada en Peter Dennis, Decision by Default. Peacetime Conscription and British Defence 1919-1939 (1972), Briand Bond, British Military Policy between the two World Wars (1980), Michael Howard, The Continental Commitment (1989), Gaines Post, Dilemmas of Appeasement (1993) o John Ruggiero, Hitler's Enabler (2015).

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por Schwerpunkt » Mar Feb 06, 2018 3:18 pm

Estimado Jose Luis:

He leído con interés tu artículo sobre Chamberlain. Todo lo que he leído ha sido bastante crítico sobre su actuación pero lo que me ha dejado anonadado ha sido esto...
José Luis escribió:Agradar a los dictadores fue siempre el objetivo de Chamberlain, algo que no dejó de demostrar incluso en lo que los revisionistas han considerado sus discursos más duros contra Hitler. Está perfectamente documentado cómo Chamberlain, antes de pronunciar esos discursos, hizo llegar copias de los mismos a Hitler y Mussolini a través de sus canales secretos para explicarles que estaban dirigidos para aplacar la oposición y opinión pública en Gran Bretaña. Porque otra de las nefastas características de Chamberlain como Primer Ministro fue su deshonesta actuación en su empeño por dirigir, en contra de las costumbres y protocolos, la diplomacia y política exterior británicas a espaldas del Feoreign Office. Utilizando sus canales secretos y mediante reuniones clandestinas de sus agentes, sin informar en absoluto al Foreign Office, Chamberlain hizo todo cuanto pudo para torpedear las conversaciones y negociaciones de asistencia mutua con la Unión Soviética, iniciadas pese a su oposición, y propiciar, en cambio, un entendimiento con los dictadores, especialmente Hitler. Y en ese empeño tampoco escatimó esfuerzos para intentar controlar y manejar a la prensa británica con el objetivo de ocultar o silenciar toda información que pusiera al descubierto la indignidad y las humillaciones cosechadas por su política de apaciguamiento.
Ignoraba que este personaje hubiera caído tan bajo, mas bien lo tenía como un político conservador de la antigua escuela, distante y desdeñoso y con una cierta "comprensión" por las dictaduras europeas enfrentadas con el comunismo. Desde luego estas actuaciones rozan lo que en muchos países se catalogaría como alta traición y desde luego de haber sido conocidas hubieran forzado a su dimisión inmediata.

Lo que hay que comprender para poner toda esta información en perspectiva es que el deseo abrumador de las sociedades de la época, británica, francesa e incluso alemana, era el evitar la guerra a toda costa y que a muy pocos les tembló la mano al sacrificar a los inocentes checos en su empeño de ganar lo que se creía era la paz y no fue más que retrasar lo inevitable unos meses. De hecho Chamberlain fue recibido como un héroe por las multitudes a su regreso a Gran Bretaña tras su infame actuación en Munich.

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Mar Feb 06, 2018 8:04 pm

¡Hola a todos!
Schwerpunkt escribió: Ignoraba que este personaje hubiera caído tan bajo, mas bien lo tenía como un político conservador de la antigua escuela, distante y desdeñoso y con una cierta "comprensión" por las dictaduras europeas enfrentadas con el comunismo. Desde luego estas actuaciones rozan lo que en muchos países se catalogaría como alta traición y desde luego de haber sido conocidas hubieran forzado a su dimisión inmediata.
Hay muchos ejemplos de tales bajezas e indignidades en la obra citada de John Ruggiero. Para mí fue un personaje despreciable, y no lo digo sólo por sus simpatías por los dictadores (había muchos políticos británicos y franceses que preferían un mal acuerdo con Hitler que un buen acuerdo contra Hitler), sino por sus maneras retorcidas, por sus canales secretos (secretos para su propio gabinete y para el Foreign Office), por su doblez, y, ante todo y por encima de todo, por engañar al pueblo británico (que tras la deshonra de Munich que supuso la invasión nazi del resto del país en marzo de 1939, apoyaba mayoritariamente -más del 80%- una alianza con la URSS y la defensa efectiva de Polonia aunque ello significara la guerra. Todo menos más concesiones a Hitler), pues mientras cara a la galería decía que estaba comprometido con la defensa de Polonia, enviaba en secreto a sus emisarios para proponer a Hitler más concesiones (Danzig, un préstamo de mil millones de libras esterlinas, ajustes y concesiones coloniales, etc,) con tal de evitar la guerra. Y si no fuera por la presión de la opinión pública, del parlamento y de su propio gabinete (que a punto estuvo de entrar en revuelta), es posible que Chamberlain nunca hubiera declarado la guerra el 3 de septiembre de 1939. Todavía esperaba llegar a un acuerdo con Hitler (y seguiría buscando y esperando hasta el día de su dimisión en mayo de 1940).

Hubo filtraciones a la prensa de algunas de las reuniones secretas mantenidas por los emisarios de Chamberlain. Una que conmocionó a las capitales europeas cuando se conoció, vino dada por varias reuniones que, con la aprobación de Chamberlain, tuvieron lugar entre el 17 y el 20 de julio de 1939 en casa de Sir Horace Wilson y en la embajada alemana en Londres, siendo los principales protagonistas el propio Wilson, Joseph Ball (la “eminencia gris” de Chamberlain y con Wilson sus dos asesores más cercanos y amigos) y Robert Hudson (Subsecretario Permanente de Comercio Exterior), por parte británica, y Helmuth Wohlthat (un alto funcionario del Ministerio de Economía alemán bajo Göring) y Herbert von Dicksen (el embajador alemán en Londres). En la reunión que tuvo lugar en casa de Wilson, el 17 de julio, éste le pidió encarecidamente a Wohlthat que mantuviera una absoluta confidencialidad sobre la reunión y lo allí expuesto, y que tenía “el futuro político de Chamberlain en [sus] manos” (Ruggiero, 156). Bien, el caso es que el 22 de julio saltó la noticia de la reunión mantenida en la embajada alemana entre Hudson y Wohlthat el 20 de julio, por filtración de Hudson a la prensa británica. Inmediatamente, Chamberlain aseguró en los Comunes que no tenía conocimiento de lo de Hudson y que no tenía intención alguna de apaciguar a Hitler y menos de darle un crédito de 1.000 millones de libras. Hudson se vio obligado a desmentir lo que había contado a la prensa, pero no fue cesado por Chamberlain ni dimitió. Y, por supuesto, el escándalo tampoco fue suficiente para forzar la dimisión del Premier.

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Mié Feb 07, 2018 11:06 am

¡Hola a todos!

Otro ejemplo de los canales secretos de Chamberlain lo constituye el affair Steward-Hesse.

El Dr. Fritz Hesse era el representante de una agencia de noticias alemana (Deutsches Nachrichtenbüro) y de la oficina de Ribbentrop en Londres (Dienststelle Ribbentrop). George F. Steward pertenecía al personal de Chamberlain en 10 Downing Street (la residencia del Primer Ministro) y actuó como canal secreto de Chamberlain. El 11 de octubre de 1938 Steward mantuvo una larga conversación con Hesse en la que, entre otras cosas, le explicó que en la reciente crisis de Munich, Chamberlain había tomado las decisiones por su propia cuenta y la de sus dos más íntimos asesores (Wilson y Ball), sin consultar con su gabinete ni con Lord Halifax (Foreign Office), pues sus decisiones perseguían un objetivo, un trato con Hitler, que era contrario a la voluntad del pueblo británico, de la Cámara de los Comunes, del Foreign Office y de su propio Gabinete. Hesse escribió un informe que pasó a Weizsäcker, pero éste, que estaba entonces en contra de la política de Hitler, decidió no enviárselo a Ribbentrop. Sin embargo, a finales de noviembre (28-11-1938) la inteligencia británica (MI5) pasó un informe sobre la reunión Steward-Hesse al Foreign Office. El informe, entregado a Cadogan, mostraba que alguien en 10 Downing Street estaba en contacto con Ribbentrop a través de Hesse. Cadogan informó a Halifax el 29 de noviembre, pero Halifax, sospechando sin duda que estava involucrado Chamberlain, decidió no abrir la investigación que formalmente se había pedido en el FO. Por supuesto, Chamberlain negó tener conocimiento alguno del asunto Steward-Hesse, tal como haría el año siguiente con el asunto Hudson_Wohlthat.

El informe de Hesse no tiene desperdicio y lo copio tal cual aparece en inglés en el libro de Leibovitz*:

<<<
I had an interview with a confidential agent of Neville Chamberlain, the Prime Minister, who in the course of a lengthy conversation gave me among other things the following instructive information:

1. During the recent critical days the Prime Minister had actually made decisions entirely alone with his two intimate advisers and in the last decisions had no longer asked the opinion of any member of the Cabinet, not even of Lord Halifax, the Foreign Secretary.. In the end the Prime Minister had not received assistance or support of any kind from the Foreign Office, which on the contrary had striven during the last 3 days to sabotage his plans and commit Great Britain to warlike action against Germany. The final outcome was therefore due exclusively to Chamberlain, who had however thereby ignored the provisions of the British Constitution and customary Cabinet usage.

2. My informant expressly drew my attention to the fact that an extremely bitter feeling against us prevailed in the whole of the Foreign Office. He thought he could assure me that there they had sworn to be “revenged” on Germany and particularly on von Ribbentrop. We should not allow ourselves to be deceived in this matter; in all future moves it was important that all major questions should be dealt with direct, thus bypassing the Foreign Office and also Sir Neville Henderson, since it had unfortunately become apparent that the latter was not completely reliable when forwarding communications. Furthermore, the Foreign Office would always be brought in by Henderson, and thus there was the risk of causing all kinds of obstruction and undesirable publicity.

3. The British people were now beginning to reflect on the results of Munich. An extremely difficult situation has thus arisen, in which we, on the German side had it in our power to influence British public opinion to a far greater extent than we imagined. It was particularly important that in these times care should be taken to avoid giving the impression of German interference in British affairs. Above all, the informant thought, it would be wrong for us on the German side to take up the challenge of the Opposition and try conclusions with them. The opposition group comprising Eden, Churchill, Duff Cooper, Attlee, Sinclair, etc., would receive undesirable publicity from any German attack. A German attack on these personages would to a certain extent provide a sort of gratuitous advertisement for them.

4. On the other hand, if we wished to do something positive, it was especially important for us to emphasize again and again that we trusted Chamberlain because he wanted peace and for us to stress our wish to live in lasting friendship with the British people. As a matter of fact it was desirable for propaganda to be put out which would manifest the desire on the part of Germany for friendship between the British and the German peoples.

5. As far as the Czech question itself was concerned, it was important that, in order to create a favourable impression in Britain, we should avoid two things: “boasting and bullying." [‘Bullying’ is in English in the original document]. In particular it would make a fatal impression if we were to threaten too much with our military strength. The latter would be extremely dangerous for the efforts of all friends of peace and all friends of Germany in Britain. My informant emphasized here that the British decision in the Czech conflict, and Chamberlain’s attitude in particular, had never been dictated by a consciousness of military weakness but exclusively by the religious idea that Germany must have justice and that the injustice of Versailles must be made good.

6. The question whether we wished to continue further the policy initiated in the Anglo-German friendship protocol of Munich.. was regarded by the Prime Minister as being of the greatest importance. My informant maintained that the impression about this prevailing in London was by no means unanimous. If we wished to continue to help the Prime Minister, it was of the greatest importance that further declarations and speeches should be made, in which in particular the line “Never again war between Britain and Germany” should be followed, while at the same time we should however have to make similar declarations to France as well to avoid giving the impression that we were intending to separate Britain and France.

8. My informant then drew attention to the importance of the armaments problem at some length and with special insistence. The informant thought that something would have to be done in this sphere in particular in order to strengthen Chamberlain’s position. If Chamberlain had success in the disarmament question, he would find an opportunity to go to the country for a general election. By giving Chamberlain success in the disarmament question we had it in our power to stabilize or not to stabilize pro-German tendencies in Great Britain. To an objection that this was a difficult question, he replied that it was important in this instance to make a moral impression.

>>>

Por otra parte, las intrigas de Chamberlain trabajando para el apaciguamiento no cesaron a lo largo de 1939. El 3 de mayo de 1939, Cadogan hizo la siguiente entrada en su diario: “Went to see H.J. W. [Wilson] about a telephone intercept, which looks as if No. 10 were talking ‘appeasement’ again. He put up all sorts of denials, to which I don’t pay much attention. But it is a good thing to show we have our eye on them.”**

Lo que pensaba el mayor colaborador y amigo de Chamberlain, Wilson, sobre la desventaja de ser una democracia:

There would be no sense in negotiating for an adjustment if another dangerous crisis was to be expected. It had to be admitted that it was a sort of vicious circle: on the one hand, the public could not be reassured by announcing that negotiations were in prospect (because that would jeopardize the negotiations), and, on the other, the German side declined to make reassuring declarations before they had a clear picture regarding the negotiations. It was difficult, because of Britain’s democratic constitution, for Chamberlain to come out publicly with a conciliatory statement, for then he and the Cabinet would probably be forced to resign. The vicious circle could therefore perhaps be more easily broken if the Fuhrer, who had no political attacks to fear at home, took the initiative and himself made such a conciliatory statement.***

Para acabar, ya con la guerra en marcha, un grupo de británicos pronazis fue convocado por el antisemita Duque de Westminster el 12 de septiembre de 1939. Entre otros, estaban Lord Arnold, Lord Rushcliffe, el Duque de Buccleuch y Lord Ponsoby. Nicholas Bethell, que documentó la reunión, escribió:

Men such as these were the gilded tip of the iceberg. Lurking below there were many thousands of right-wingers in England, as in other countries, who had been captivated by Hitler and his New Order. Even now, after the outbreak of the war. they were ready to give him their support.****

A Chamberlain le llegó una copia de ese documento y se la pasó a Joseph Ball, quien devolvió sus impresiones a Chamberlain a través de una carta a Wilson (la trinidad del apaciguamiento). Ball dijo que el documento defendía que se permitiera a Alemania tomar Danzig y que Alemania estaría satisfecha si no se le ponían obstáculos a sus ambiciones de expansión económica en la Europa suroriental. En la carta Ball no ocultó sus simpatías por el documento, aunque objetó que no era el momento adecuado: “...if the group really desire to see that anything of the kind should happen, they have been extremely foolish in allowing their views to transpire at the present juncture. If, as I understand is the case, Winston [Churchill] has heard of them, he will I imagine press hard for their immediate and categorical rejection; and should he do so, it is difficult to see how the P.M. can avoid giving him some assurance”. *****

En fin, son incontables las pruebas que demuestran que Chamberlain hizo todo cuanto pudo para llegar a un entendimiento con Hitler, aunque para ello tuviera que actuar de forma clandestina y de espaldas a la opinión pública británica, al Parlamento, al Gabinete que presidía y al Foreign Office. Y todo ello, a partir de marzo de 1939, cuando aseguraba que no buscaba ya el apaciguamiento y mientras mantenía, cínicamente, conversaciones y negociaciones de asistencia mútua con la URSS, que no fueron otra cosa que ganar tiempo para llegar a un trato con Hitler, pese a saber que su doblez con los soviéticos estaba propiciando un pacto entre Stalin y Hitler.

*Clement Leibovitz, The Chamberlain-Hitler Deal (Alberta, Canadá: Les Editions Duval, 1993), pp. 376-380.
**Ibid., 472.
***Ibid., 485.
****Nicholas Bethell, The War Hitler Won (1972). Citado en Leibovitz, 504.
*****Leibovitz, 505.

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por Schwerpunkt » Jue Feb 08, 2018 10:15 am

Estimado Jose Luis:

Muy interesante la información que demuestra que lejos de ser lo que pensábamos, Chamberlain merecería estar en el panteón de los políticos miserables, torticeros, mendaces y conspiradores. Me han dejado boquiabierto todas estas actuaciones que podríamos catalogar de alta traición, conspiración y prejuicio ideológico rayando en el fanatismo.

Hay un comentario en que me gustaría ahondar si me lo permites:
José Luis escribió:Para acabar, ya con la guerra en marcha, un grupo de británicos pronazis fue convocado por el antisemita Duque de Westminster el 12 de septiembre de 1939. Entre otros, estaban Lord Arnold, Lord Rushcliffe, el Duque de Buccleuch y Lord Ponsoby. Nicholas Bethell, que documentó la reunión, escribió:

Men such as these were the gilded tip of the iceberg. Lurking below there were many thousands of right-wingers in England, as in other countries, who had been captivated by Hitler and his New Order. Even now, after the outbreak of the war. they were ready to give him their support.****
Contrariamente a la percepción popular y en gran medida fabricado en la posguerra, el establishment británico no fue un bloque contrario a la tiranía de Hitler sino en gran medida simpatizante con el mismo. Se podrá argumentar si era una parte muy grande o no pero no cabe duda de que había numerosos políticos y aristócratas británicos simpatizando con el totalitarismo hitleriano o al menos viéndolo como un mal menor frente a la Unión Soviética. Y como telón de fondo un terrible temor muy comprensible entre la población a una nueva guerra apenas veinte años después de terminada la primera. Es interesante ver la superposición de estos sentimientos, por un lado el temor a una nueva guerra que hizo que el pueblo británico inicialmente no viera o quisiera ver el miserable sacrificio de Checoslovaquia a cambio de comprar la paz y como ese sentimiento fue utilizado por gran parte del establishment para sus propios fines. Y no olvidemos que Winston Churchill era en la época un político fuera del mainstream si me permites la terminología anglosajona, y cuyas posición política era catalogada de radical. De hecho, algunos de sus más famosos discursos fueron acogidos muy fríamente en la cámara mientras que por el contrario el discurso de Chamberlain tras su "actuación" en Munich fueron recibidas con una increíble ovación y su llegada aclamada por multitudes. Y es que nadie es profeta en su tierra...

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Jue Feb 08, 2018 11:04 am

¡Hola a todos!
Schwerpunkt escribió: Contrariamente a la percepción popular y en gran medida fabricado en la posguerra, el establishment británico no fue un bloque contrario a la tiranía de Hitler sino en gran medida simpatizante con el mismo.
¡Y que lo digas! Cuando todo el mundo en Inglaterra estaba tremendamente preocupado por la amenaza de una invasión nazi, junio-agosto de 1940, lo que preocupaba realmente a la Reina Madre (Elizabeth Angela Marguerite Bowes-Lyon, la esposa del rey George VI, clara defensora del apaciguamiento) era saber si Hitler respetaría la monarquía británica. Entre los documentos del primer Viscount Monckton of Brenchley, que el Independent on Sunday hizo públicos el 5 de marzo de 2000 se encuentra correspondencia entre la Reina Madre y Lord Halifax, donde se demuestra que la preservación de la monarquía era el problema más importante, y que Halifax estaba dispuesto a firmar la paz con Hitler si éste permitía que continuara la monarquía británica bajo la ocupación nazi. http://www.fpp.co.uk/bookchapters/WSC/Monckton.html

Otro ejemplo de reuniones clandestinas bajo al paraguas de Chamberlain es el de la reunión en la isla de Sylt.

Sylt es una isla alemana del Mar del Norte del estado de Schleswig-Holstein. Allí se reunieron el 7 de agosto de 1939 un grupo de hombres de negocios británicos con Göring y varios de sus asesores (entre ellos Paul Körner y el general Bodenschatz*) para negociar una salida pacífica a la crisis polaca mediante una conferencia a cuatro (Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia) para acordar una solución tipo Munich-1938.

El 6 de febrero de 2003 se publicó en The Telegraph un obituario de Charles Melville McLaren, tercer barón de Aberconway, que había muerto dos días antes a los 89 años de edad. Tres años antes había desvelado al historiador británico Andrew Roberts -que escribió una biografía de Lord Halifax**- que había formado parte del grupo de siete empresarios británicos que habían sido enviados secretamente por el Gabinete Chamberlain para intentar evitar una guerra entre Gran Bretaña y Alemania por causa de Polonia. El encuentro había sido acordado, con el beneplácito de Hitler y Lord Halifax, por Birger Dahlerus, un ingeniero sueco que trabajaba en Londres y a quien Göring utilizaba como enlace extraoficial para contactar con el gobierno británico. Dalherus contactó con Charles F. Spencer, director de los astilleros John Brown de Clydeside (donde también era director Charles Melville McLaren).

David Irving ya había detallado la reunión de Sylt en su biografía de Göring***. Había llegado en su tren a Bredstedt el 7 de agosto de 1939, y su llegada fue noticiada por el periódico local Friesenkurier. Alli se encontró con Dahlerus, quien lo condujo a su casa para presentarle a los 7 empresarios británicos: Brian Mountain (imagino que Sir Brian Edward Stanley Mountain) , Sir Robert Renwick (en el negocio de compañías de suministro eléctrico), Charles Melville McLaren, T. Mensforth, [A.] Holden, [Charles F.] Spencer y [Stanley] Rawson (también director de los astilleros John Brown).

Finalmente, este encuentro fue reportado por Charles F. Spencer al Foreign Office tal como aparece recogido en Documents on British Foreign Policy 1919-1939, Third Series, Volume 6 1939, en el capítulo de apéndices (informes Dahlerus).

*John H. Waller, The Unseen War in Europe. Espionage and Conspiracy in the Second World War (I.B. Tauris & Co. Ltd., 1996), p. 77.
**The Holy Fox: A Biography of Lord Halifax (London: Weidenfeld & Nicolson, 1991).
***Irving, Göring: A Biography (Parforce, 2002 electronic version), pp. 373-374.

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por Chepicoro » Lun Feb 12, 2018 1:13 am

Que agradable sorpresa José Luis, como siempre muy interesante tu artículo.


Me parece que la imagen de Chamberlain sigue siendo la de un ingenuo de buena fe, que fue engañado por Hitler y que en el fondo sus políticas siempre estuvieron guiadas por el deseo sincero de preservar la paz.

A la hora de repartir culpas sobre las causas de la SGM evidentemente que la mayor parte de esta recae sobre la Alemania nazi, pero es también frecuente escuchar de reproches a la URSS y en cambio sobre las democracias casi nada se les critica, excepto tal vez que pecaron de ingenuas. Esta visión demasiado simplista, se demuestra falsa como demuestras en tu artículo.


Creo que el objetivo central de las políticas de Chamberlain era el de preservar la posición de Gran Bretaña en el centro del sistema internacional y eso solo era posible manteniendo el imperio británico y para ello era vital evitar involucrarse en cualquier otra guerra europea que terminaría de arruinar las finanzas favoreciendo a los Estados Unidos.

Mi interpretación, (a ver si no estoy muy perdido) es que al ser Inglaterra una democracia, Chamberlain tenía que tener en cuenta la opinión pública a la hora de formular su política exterior, sin esta presión, es posible que diera vía libre a Hitler en Europa Oriental. Cuando Hitler tras Munich rompe su promesa e invade el resto de Checoslovaquia, pone a Chamberlain en una posición imposible ante la opinión pública británica, pues o acepta que Hitler no tenga consecuencia alguna por romper un tratado con Inglaterra perdiendo toda credibilidad ante el pueblo inglés o como sucedió toma una posición de firmeza ante cualquier nuevo intento de alterar el status quo por parte de Hitler y otorga la garantía sobre la integridad de su territorio a Polonia.

Para ser justos con Chamberlain, aun con el pacto de Munich firmado, empezó a elevar el presupuesto a las fuerzas armadas, no es que se confiara enteramente en la promesa de Hitler de que esa iba a ser su último reclamo territorial en Europa.

Halifax estaba dispuesto a firmar la paz con Hitler si éste permitía que continuara la monarquía británica bajo la ocupación nazi.
Halifax rechazó el puesto de PM cuando se lo ofrecieron y Churchill era la segunda opción, básicamente el mundo tuvo mucha suerte que Halifax no aceptara el puesto. Pues las condiciones de Hitler para firmar la paz con Inglaterra eran bastante razonables. Una vez que el bombardeo de Londres y otras ciudades inglesas empezó la opinión pública británica nunca hubiera respaldado a un gobierno que firmara la paz con Hitler... pero hasta antes de la Batalla de Inglaterra, un hipotético gobierno encabezado por Halifax podía negociar la paz, bajo el argumento de que no existía un plan realista para ganar la guerra y qu prolongar el conflicto solo llevaría a la ruina económica del Imperio (lo que finalmente si ocurrió).
En fin, son incontables las pruebas que demuestran que Chamberlain hizo todo cuanto pudo para llegar a un entendimiento con Hitler, aunque para ello tuviera que actuar de forma clandestina y de espaldas a la opinión pública británica, al Parlamento, al Gabinete que presidía y al Foreign Office. Y todo ello, a partir de marzo de 1939, cuando aseguraba que no buscaba ya el apaciguamiento y mientras mantenía, cínicamente, conversaciones y negociaciones de asistencia mútua con la URSS, que no fueron otra cosa que ganar tiempo para llegar a un trato con Hitler, pese a saber que su doblez con los soviéticos estaba propiciando un pacto entre Stalin y Hitler.

Coincido contigo, solo agregar que en mi opinión la garantía que Inglaterra dio a Polonia sobre su territorio, Chamberlan la otorgó únicamente para salvar la cara ante la opinión pública. Hasta donde yo se los ingleses nunca tuvieron un plan para ayudar a Polonia de alguna forma práctica

La apuesta de Hitler de ir a la guerra con Polonia, salió mal en el largo plazo, pero vistos los antecedentes de las negociaciones con el gobierno inglés me parece un riesgo bastante aceptable el que tomó Hitler, esperando que los aliados no declararían la guerra o que en el peor de los casos si declaraban la guerra no iban en serio y solo lo hacían para proteger su reputación.

[THE DICTATORS]HAVE HAD good cause to ask for consideration of their grievances and if they had asked nicely after I appeared on the scene they might already have got some satisfaction. —NEVILLE CHAMBERLAIN,
February 1939

Buchanan, Patrick J.. Churchill, Hitler, and "The Unnecessary War": How Britain Lost Its Empire and the West Lost the World (Kindle Locations 4101-4105).


La alternativa que propones José Luis de negociar una alianza con la URSS para disuadir a Hitler de intentar cualquier aventura militar en Europa, de haberse concretado me parece que si hubiera evitado el estallido de la guerra (al menos en Europa), pues la economía Alemana iba a sufrir una contracción al no poder sostener el gasto en armamento a más tardar a finales de 1939 y una Alemania en medio de una nueva crisis económica no creo que se aventurara a una guerra europea.

Que ingleses y franceses nunca negociaron de buena fe con los soviéticos lo tengo claro... que los soviéticos hubieran aceptado pertenecer a este frente común sin pedir nada a cambio no me parece posible o que Polonia aceptara a tropas del ejército rojo en su territorio también lo veo muy complicado.
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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Lun Feb 12, 2018 11:30 am

¡Hola a todos!
Chepicoro escribió: Me parece que la imagen de Chamberlain sigue siendo la de un ingenuo de buena fe, que fue engañado por Hitler y que en el fondo sus políticas siempre estuvieron guiadas por el deseo sincero de preservar la paz.
Sí, esta es la imagen que pretenden trasladar los historiadores revisionistas. Al margen de su pretendida ingenuidad y buena fe, del todo discutibles, es una imagen parcialmente real, de una parte, e incompleta de la otra. Parcialmente real porque es cierto que Chamberlain pretendía evitar la guerra en la Europa occidental a cuenta de dejar manos libres a Hitler en su expansión hacia el Este, lo que supondría finalmente una guerra entre Alemania y la Unión Soviética, algo que satisfacía el anticomunismo patológico de Chamberlain. Y es una visión incompleta porque ese objetivo de preservar la paz era un objetivo a cualquier precio, y el precio tenían que pagarlo otras naciones (Checoslovaquia, Albania, los estados del Báltico), no el Reino Unido de Gran Bretaña.

La otra imagen que pretenden trasladar los historiadores revisionistas es que la política doble de Chamberlain (apaciguamiento, y rearme que no desequilibrara las finanzas y no perturbase el mercado) era la única política viable, y por tanto Chamberlain no tenía otra opción alternativa. Esta imagen determinista es falsa de raíz, pues aun cuando sus argumentos (las limitaciones de recursos financieros, industriales y laborales de Gran Bretaña para hacer frente a las amenazas potenciales contra Gran Bretaña) son reales, sus conclusiones son falaces. Las limitaciones de recursos británicas podían subsanarse si se tomaban a tiempo las medidas oportunas, de una parte, mientras que las amenazas potenciales contra el imperio podían neutralizarse siguiendo una política de alianzas, acompañada de una planificación de rearme integral.
Chepicoro escribió: A la hora de repartir culpas sobre las causas de la SGM evidentemente que la mayor parte de esta recae sobre la Alemania nazi, pero es también frecuente escuchar de reproches a la URSS y en cambio sobre las democracias casi nada se les critica, excepto tal vez que pecaron de ingenuas. Esta visión demasiado simplista, se demuestra falsa como demuestras en tu artículo.
No sólo es frecuente, estimado Chepicoro. Si haces un repaso a la historiografía clásica sobre los orígenes de la IIGM verás que hay un claro predominio de repartir las culpas entre Alemania y la Unión Soviética, concentradas en el Pacto de No Agresión nazi-soviético de agosto de 1939. E incluso hay historiadores que cargan las culpas más en Stalin que en Hitler. A todos ellos no les interesan o desdeñan las poderosas razones que llevaron a Stalin a firmar ese pacto con Hitler (a través de sus ministros de exteriores), pero se esfuerzan hasta la extenuación para informar y comprender las razones que llevaron a Gran Bretaña y Francia a practicar la política de apaciguamiento de los dictadores. Es una visión de doble rasero que destroza los rigores metodológicos de la disciplina académica, que en este tema ha brillado por su ausencia, subyugada por la agenda política e ideológica. Afortunadamente, hay notables y brillantes excepciones.

Chepicoro escribió: Creo que el objetivo central de las políticas de Chamberlain era el de preservar la posición de Gran Bretaña en el centro del sistema internacional y eso solo era posible manteniendo el imperio británico y para ello era vital evitar involucrarse en cualquier otra guerra europea que terminaría de arruinar las finanzas favoreciendo a los Estados Unidos.
Bueno, por matizar para ser más fiel con la realidad, el objetivo de Chamberlain era mantener la posición del imperio británico para continuar favoreciendo los intereses y privilegios del establishment (monarquía, aristocracia y sus élites económicas y financieras), no del pueblo británico, del que desconfiaba y al que temía. Retrospectivamente, Chamberlain es probablemente el mejor ejemplo de la llamada “política de austeridad” que subyuga en la actualidad a la Europa meridional, donde los sacrificios de la crisis (en su época la de 1929) recayeron en las mayorías sociales, mientras que el establishment no dejó de pescar en río revuelto. Sólo que entonces, en la década de 1930, era patente el auge de los fascismos, y reales sus amenazas. En estas circunstancias, la política de Chamberlain, tanto en su etapa como ministro de Hacienda como cuando llegó a presidir el ejecutivo, fue de acercamiento y simpatía hacia los dos dictadores fascistas, Hitler y Mussolini, sacrificando en el camino la democracia y varios estados democráticos. Es una historia que se repite, mutatis mutandis.
Chepicoro escribió: Mi interpretación, (a ver si no estoy muy perdido) es que al ser Inglaterra una democracia, Chamberlain tenía que tener en cuenta la opinión pública a la hora de formular su política exterior, sin esta presión, es posible que diera vía libre a Hitler en Europa Oriental. Cuando Hitler tras Munich rompe su promesa e invade el resto de Checoslovaquia, pone a Chamberlain en una posición imposible ante la opinión pública británica, pues o acepta que Hitler no tenga consecuencia alguna por romper un tratado con Inglaterra perdiendo toda credibilidad ante el pueblo inglés o como sucedió toma una posición de firmeza ante cualquier nuevo intento de alterar el status quo por parte de Hitler y otorga la garantía sobre la integridad de su territorio a Polonia.
La garantía a Polonia fue un fraude para lavar la cara (imposible de lavar) después de la humillación de Praga. Ni Gran Bretaña ni Francia podían prestar ayuda militar directa a Polonia, caso de que ésta se viese atacada por Alemania, sin la imprescindible colaboración de la URSS, la única potencia que podía hacerlo, geográficamente hablando. Chamberlain se opuso desde siempre a cualquier tipo de alianza con la URSS en la senda de la política de seguridad colectiva emprendida por el gobierno soviético (simbolizada en su comisario de exteriores Litvinov) desde 1934. La crisis checa de primavera-verano de 1938 fue un ejemplo cristalino de esta perversa oposición. Entonces, como después en 1939 con Polonia, la Unión Soviética era la única potencia que geográficamente podía intervenir militarmente en Checoslovaquia, caso de un ataque alemán. No sólo despreciaron este hecho Chamberlain y Daladier, sino que traicionaron a los checos dejando a su gobierno al margen de los vergonzosos acuerdos de Munich de 30 de septiembre de 1938. Con la invasión alemana del resto de Checoslovaquia en marzo de 1939, y contrario a la imagen trasladada por la historiografía clásica revisionista, Chamberlain persistió en su empeño de apaciguamiento de Hitler. Sólo una opinión pública, un parlamento y la mayor parte de su gabinete contrarios a permitir más concesiones a Hitler, obligaron a Chamberlain a realizar gestos para la galería, como la fraudulenta garantía polaca y el comienzo de las conversaciones de asistencia mutua con la Unión Soviética, que el propio Chamberlain se encargó de torpedear mientras ordenaba encuentros y reuniones clandestinas para llegar a entendimientos con Hitler y Mussolini. Ni siquiera cuando Alemania invadió militarmente Polonia, estuvo Chamberlain pronto y dispuesto a declarar la guerra, y sólo la amenaza de un motín en su gabinete y el parlamento lo obligaron a hacerlo tres días después. Aun así, persistió en buscar un entendimiento con Hitler vía Mussolini.
Chepicoro escribió: Para ser justos con Chamberlain, aun con el pacto de Munich firmado, empezó a elevar el presupuesto a las fuerzas armadas, no es que se confiara enteramente en la promesa de Hitler de que esa iba a ser su último reclamo territorial en Europa.
Cierto, pero no en la intensidad y profundidad que reclamaba la situación. Como he apuntado en mi artículo, los ejemplos de la creación del Ministerio de Suministros y la ley del servicio militar obligatorio, que los canales secretos de Chamberlain corrieron a adelantar a Hitler y Mussolini, fueron recibidos en Alemania e Italia con enorme satisfacción, conscientes de la limitación de su alcance.
Chepicoro escribió: Una vez que el bombardeo de Londres y otras ciudades inglesas empezó la opinión pública británica nunca hubiera respaldado a un gobierno que firmara la paz con Hitler...
Por desgracia, la opinión pública, hoy y ayer, siempre se puede manejar o engañar si los medios se prestan a ello, tal como sucedió con el Primer Ministro Chamberlain.
Chepicoro escribió: pero hasta antes de la Batalla de Inglaterra, un hipotético gobierno encabezado por Halifax podía negociar la paz, bajo el argumento de que no existía un plan realista para ganar la guerra y qu prolongar el conflicto solo llevaría a la ruina económica del Imperio (lo que finalmente si ocurrió).
No sólo podía; es muy probable que lo hiciera.
Chepicoro escribió: La apuesta de Hitler de ir a la guerra con Polonia, salió mal en el largo plazo, pero vistos los antecedentes de las negociaciones con el gobierno inglés me parece un riesgo bastante aceptable el que tomó Hitler, esperando que los aliados no declararían la guerra o que en el peor de los casos si declaraban la guerra no iban en serio y solo lo hacían para proteger su reputación.
Cierto. Durante toda la crisis polaca previa al estallido de la guerra, el verdadero temor de Hitler era que Chamberlain perdiese la confianza del parlamento y fuese obligado a dimitir. Hizo todo cuanto estuvo en sus manos, vía prensa y diplomacia, para que esto no sucediera. La declaración de guerra de Chamberlain en los Comunes fue una sorpresa terrible para Hitler. Me permito citar el momento de la noticia tal como lo escribió Schmidt:

I took the ultimatum to the Chancellery forthwith where most of the Cabinet and party leaders were collected in the anteroom near Hitler’s study anxiously awaiting my arrival. There was something of a crush and I had difficulty getting through to Hitler.

‘What news?’ anxious voices asked.

‘Classroom dismissed,’ I replied and entered the adjacent study where Hitler was seated at his desk, Ribbentrop to his right near the window. Both looked up expectantly when they saw me. I stopped at some distance from the desk and then slowly translated the British ultimatum. When I finished there was complete silence.

Hitler sat immobile, gazing before him. He was not at a loss, as was stated afterwards, nor did he rage, as others allege. He sat completely still and unmoving.

After an interval that seemed an age, he turned to Ribbentrop, who had remained standing by the window. ‘What now?’ he asked with a savage look, as though implying that his Foreign Minister had misled him about the probable British reaction.

Ribbentrop answered quietly: ‘I assume that the French will hand in a similar ultimatum within the hour.
’ (Paul Schmidt, Hitler's Interpreter. The Memoirs of Paul Schmidt. Fonthill, 2016, p. 172).

Pasado el brete, Hitler pasó a considerar inicialmente la declaración de guerra como un gesto hacia la galería, pero sus frustrados intentos de llegar a un acuerdo de paz tras la conclusión de la campaña polaca provocaron que tomara decisiones estratégicas basadas en cálculos erróneos. Pero lo cierto es que todos los antecedentes diplomáticos con Chamberlain y Daladier los tomó Hitler como un claro indicio, y hasta prueba, de que esos caballeros no irían a la guerra por Polonia. Nadie lo podrá culpar de la solidez de esta su creencia.
Chepicoro escribió: Que ingleses y franceses nunca negociaron de buena fe con los soviéticos lo tengo claro... que los soviéticos hubieran aceptado pertenecer a este frente común sin pedir nada a cambio no me parece posible o que Polonia aceptara a tropas del ejército rojo en su territorio también lo veo muy complicado.
Cualquier análisis serio de la relaciones-conversaciones-negociaciones anglo-franco-soviéticas de primavera y verano de 1939 en torno a la posibilidad de establecer una alianza de asistencia mutua debe tener en cuenta los antecedentes de esta historia que se remontan a 1934 con la política de seguridad colectiva de Litvinov. Esta historia está caracterizada por los continuos desprecios mostrados por los gobiernos británicos y el cambio brusco producido en la diplomacia francesa con la llegada de Laval a Ministerio de Exteriores francés*. Estos repetidos desprecios antes los esfuerzos soviéticos encaminados a establecer una alianza multilateral contra la Alemania nazi culminaron durante la crisis checa y los acuerdos de Munich de 1938. Pese a todo esto, la diplomacia soviética persistió en sus esfuerzos para formar una alianza mutua con Gran Bretaña y Francia en 1939, pero Chamberlain impidió que esos esfuerzos fructificasen. Como sobre este tema ya hemos discutido en
viewtopic.php?f=59&t=9438 es innecesario seguir aquí. Por supuesto que Stalin quería algo a cambio, especialmente que la asistencia fuese mutua (algo que Chamberlain ignoró con desfachatez y felonía), la inclusión de los estados del Báltico y el lógico permiso de Polonia para el paso de las fuerzas del Ejército Rojo si tenía que consumarse la defensa de Polonia ante un ataque alemán. En este último punto, Chamberlain, a diferencia de Daladier, hizo todo lo posible para no presionar a los polacos a aceptar el paso de tropas soviéticas por su territorio.

Sea como fuere, toda esta doblez y falsedad de la postura de Chamberlain con respecto a las conversaciones de asistencia mutua de 1939 (quiero recordar que ordenó al almirante que encabezaba la delegación británica a la URRS -una delegación por cierto si acreditaciones y sin poderes- que procrastinara todo lo posible con los soviéticos) y las reuniones clandestinas de sus emisarios para llegar a un entendimiento con Hitler no escaparon al ojo agudo de Stalin, que veía con pavor que una URSS amenazada en el Este por Japón se convirtiera en el Oeste en el inmediato objetivo alemán, por lo que no hizo ascuas a los sondeos alemanes que culminaron en el pacto de no agresión de 23 de agosto de 1939.

*Me permito recordar que Francia (bajo el primer gobierno de Herriot) reconoció diplomáticamente a la Unión Soviética en 1924 (Estados Unidos no lo haría hasta 1933). Herriot estaba convencido de que en 15 años Alemania volvería a atacar a Francia, y así se lo expresó a los diplomáticos soviéticos durante una visita a Moscú en octubre de 1922. Por 22 meses de diferencia no fue una auténtica profecía. Bien, a lo que iba. Herriot regresó a la presidencia del gobierno francés en 1932 (durante seis meses),y lo primero que hizo, en la línea de su predicción, fue firmar un pacto de no agresión con la URSS en noviembre de 1932, algo que los soviéticos llevaban buscando desde 1925. Herriot cayó a mitad de diciembre de 1932 y su puesto fue ocupado por el socialista Paul-Boncour, que ocupó además la cartera de exteriores y siguió la línea de Herriot estrechando y reforzando las relaciones con la URSS. Lo mismo hizo el conservador Marthou cuando sucedió a Boncour en exteriores en 1934, pues aun siendo un político de centro-derecha, reconoció que el enemigo número uno de Francia era Alemania. Desgraciadamente, el 9 de octubre de 1934 Barthou murió como consecuencia colateral del asesinato del rey yugoslavo Alejandro I, y su puesto fue ocupado Pierre Laval, un antiguo socialista reconvertido en un conservador radical que inmediatamente decidió revertir la relaciones existentes con la URSS, pese al tortuoso pacto de asistencia mutua franco-soviético firmado en mayo de 1935, un pacto que tuvo una gran resistencia no sólo dentro de Francia, sino también en Gran Bretaña, Italia, Alemania y Polonia.

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maxtor
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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por maxtor » Lun Feb 12, 2018 12:43 pm

Saludos cordiales Jose Luis.

Me ha gustado mucho el tema tratado dado que la política exterior británica de pre-guerra como de otros países me interesa sobremanera… La verdad es que el escrito me ha sorprendido en algunos puntos y me han asaltado algunas dudas que me gustaría exponer:

¿Se puede considerar con generalidad que el sector conservador – aristocrático británico tenía tintes totalitarios o fue una minoría?. El apaciguamiento fue un corolario del intento tardío de rearme que sirvió para unir a GB durante el llamado “periodo de peligro”, aunque según M. Burleigh en su libro “Combate Moral” dice que se transformó en una opinión de moda dentro del espectro general del establishment inglés, desde Oxford a través dela Iglesia anglicana al periódico The Times. Aparte de esto, estaba la elegante sociedad londinense de personajes como Channon y Cunard con sus estúpidos coqueteos con Ribbentrop.

En algunos libros he podido leer que las tremendas bajas de la Primera Guerra Mundial fueron decisivas para esa posterior política de apaciguamiento de “todo salvo la guerra”, en qué medida pudo ser fundamental para Chamberlain?. Está claro que no a todo el mundo les afectó por igual, ni a veteranos como Hitler o Mussolini, ni al propio Churchill, pero dicho supuesto pacifismo de la sociedad británica es un factor a considerar?.

Estoy de acuerdo en desechar los argumentos estructurales que defienden a Chamberlain y su política exterior basada en una defensa a largo plazo de GB, pero las debilidades a corto plazo decisivas en el contexto previo a la guerra superaban con creces cualquier enfoque a largo plazo. El peligro era inminente.
Se me plantean muchas dudas sobre Chamberlain después de leer el escrito de Jose Luis, ¿qué factores le influyeron para estar tan ciego moral y geoestratégicamente?. Sólo su anticomunismo y elitismo social? Le influyó tanto el horror de la PGM, o lo que él podría percibir como pacifismo de su sociedad?, o simplemente no captó la irracionalidad de un personaje como Hitler y pretendió tratar de igual a igual con un estadista que en teoría debería querer evitar la guerra?.

La política exterior británica se cimentó en columnas sobre arenas movedizas ya que no se basó en los conceptos de equilibrio de poder y relaciones de poder y sí en profecías y deseos, y en prejuicios ideológicos que evitaron que GB y Francia se aliaran con la URSS y otros países del Centro de Europa al objeto de que Hitler viera que la apuesta era demasiado arriesgada. La única posibilidad que tenía Hitler de iniciar una guerra era llegar a un acuerdo con la URSS y así evitar una guerra de dos frentes y Chamberlain tiene una enorme responsabilidad en no haberlo evitado. Creo que desde la grieta que se abrió en la guerra de Italia frente a Abisinia en el orden internacional Hitler tomó nota de las ridículas consecuencias que conllevaba una agresión directa de un país a otro (Abisinia era miembro de pleno derecho de la Sociedad de Naciones) y así empezaron a caer las fichas (Renania, Munich, Checoslovaquia y Polonia).

PD: Son muchas preguntas.. ?

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Lun Feb 12, 2018 3:50 pm

¡Hola a todos!
maxtor escribió: ¿Se puede considerar con generalidad que el sector conservador – aristocrático británico tenía tintes totalitarios o fue una minoría?.
No, tintes totalitarios en absoluto. En términos generales, el establishment británico era antagónico del socialismo de las políticas laborista y sindicalista que reclamaban una política económica keynesiana y políticas sociales (en la senda emprendida por la política de New Deal de Roosevelt). Era, además y lógicamente, enemigo declarado del bolchevismo soviético y temía sus repercusiones en el Reino Unido. Por todo ello, el establishment británico se encontraba menos incómodo, y algunos de sus elementos realmente cómodos, intentando tratar con Hitler y Mussolini que con los sindicatos y el Partido Laborista, por no hablar de la Unión Soviética. Chamberlain fue el paradigma de esta posición. Por otra parte, el capitalismo, en cualquiera de sus formas, siempre está en fricción con la democracia, y las más de las veces prefiere socavar los intereses de ésta que sus propios intereses. En este sentido, la posición del establishment británico en la década de 1930 fue consecuente con sus intereses, pero calibró rematadamente mal dónde estaba la verdadera amenaza a los mismos.
maxtor escribió: En algunos libros he podido leer que las tremendas bajas de la Primera Guerra Mundial fueron decisivas para esa posterior política de apaciguamiento de “todo salvo la guerra”, en qué medida pudo ser fundamental para Chamberlain?. Está claro que no a todo el mundo les afectó por igual, ni a veteranos como Hitler o Mussolini, ni al propio Churchill, pero dicho supuesto pacifismo de la sociedad británica es un factor a considerar?.
La sangría de la guerra influyó en todos los países y en todos sus gobiernos, pero las estrategias políticas fueron diferentes, según los casos. En Gran Bretaña, en 1919 se implantó, a sugerencia de Churchill, la llamada Ten Year Rule, según la cual Gran Bretaña no se vería envuelta en una guerra durante los próximos diez años, con las consecuencias que esta política tenía en concreto para las fuerzas armadas y la política de desarme que siguió. Más tarde, en 1928 Churchill, entonces ministro de Hacienda, propuso hacerla permanente, y así estuvo en vigor hasta marzo de 1932. Durante ese largo periodo de tiempo, los recortes en defensa fueron asombrosos (el gasto en defensa en 1919-1920 había sido de casi 800 millones de libras esterlinas; en 1932, cuando se abolió esa política, habían bajado a 102 millones). Además, la Ten Year Rule y sus objetivos de desarme culminaron con el fracaso total de la Conferencia de Desarme de Ginebra de 1932-34.

Como dije anteriormente, la opinión pública es siempre manejable si los medios de comunicación se prestan a ello. Es cierto que en la década de 1920 los gobiernos británicos (y más aún los franceses) estuvieron muy influenciados a la hora de tomar decisiones políticas en el ámbito de la defensa nacional por la opinión pública y el recuerdo de la guerra, pero tengo para mí que éste no fue el factor fundamental en sus restricciones, sino el factor económico y financiero. En cambio, la opinión pública británica -influida por los movimientos socialistas, los sindicatos de trabajadores y el Partido Laborista- fue dejando paulatinamente sus reservas contra los gastos militares a lo largo de la década de 1930, una vez superados los primeros años de la Gran Depresión de 1929, especialmente a partir de 1937, justo con la llegada de Chamberlain al ejecutivo. Desde el año anterior la sociedad británica estaba profundamente dividida a raíz del estallido de la Guerra Civil Española, y había un clamor mayoritario contra la fraudulenta política de no intervención del gobierno británico. Desde entonces el Partido Laborista no dejó de exigir, como contrapartida a posibles acuerdos con el gobierno, un actitud gubernamental favorable a los intereses de la II República. Ya en 1938, y en vista del aumento del empleo que ello significaría, el Partido Laborista no suponía un obstáculo, sino mas bien lo contrario, a un posible incremento en profundidad de los gastos de defensa. Sin embargo, Chamberlain se negó a contactar directamente con los líderes laboristas al respecto. Y a esas alturas el pacifismo no era dominante en la opinión pública británica, entendiendo por tal que era favorable a la defensa de Checoslovaquia y a una alianza con la URSS. En 1939 esta posición aumentó y se reforzó, incluso a riesgo de guerra.
maxtor escribió: ¿qué factores le influyeron para estar tan ciego moral y geoestratégicamente?. Sólo su anticomunismo y elitismo social? Le influyó tanto el horror de la PGM, o lo que él podría percibir como pacifismo de su sociedad?, o simplemente no captó la irracionalidad de un personaje como Hitler y pretendió tratar de igual a igual con un estadista que en teoría debería querer evitar la guerra?.
No sólo su anticomunismo patológico, sino también su odio patológico al Partido Laborista y a los sindicatos de los trabajadores en el Reino Unido. Por otra parte, Chamberlain se creía una especie de iluminado con una misión que sólo él era capaz de llevar a cabo. Fue incapaz de calar la verdadera naturaleza de las ambiciones políticas de Hitler, a quien no dejó de cortejar y adular de forma patética.
maxtor escribió: La política exterior británica se cimentó en columnas sobre arenas movedizas ya que no se basó en los conceptos de equilibrio de poder y relaciones de poder...
La política exterior británica posterior a la IGM. Antes sí que se basó en la política de alianzas y el equilibrio de poderes, la misma que tuvo en Vansittart a su mayor defensor. Los detractores de esta política de alianzas, como Chamberlain, sostenían que conducía a la guerra, y que, por contra, el apaciguamiento la evitaría. Hoy en día hablar de apaciguamiento en el terreno político es anatema (cuando en realidad, e históricamente, el apaciguamiento puede ser una política adecuada para evitar la guerra, pero, como declaró Churchill en sus memorias, sólo cuando las concesiones las hace una gran potencia frente a una potencia débil. Y no era éste el caso de Gran Bretaña respecto a Alemania).
maxtor escribió: PD: Son muchas preguntas.. ?
En absoluto.

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Mar Feb 13, 2018 11:27 am

¡Hola a todos!

En mis anteriores intervenciones he mencionado en varias ocasiones los intentos de Chamberlain de manejar la prensa británica de cara a sus intereses en su política de apaciguamiento. Hay suficiente literatura sobre el tema, y en otra ocasión daré unas referencias. En general, sucede como la historiografía del apaciguamiento, sólo que aquí el terreno está dominado por la crítica de los autores que acusan a Chamberlain de manipular, presionar, cortejar, influir, suprimir, censurar...(según sea la fuente) a la prensa. Por contra, otros autores, los menos, argumentan que, pese a los intentos de Chamberlain, la prensa británica conservó su independencia, y fue la política de la línea editorial y no las presiones de Chamberlain quien apoyó, en cada caso, la política de apaciguamiento del primer ministro. Como digo, en otra ocasión daré una relación bibiográfica, pero ahora vamos con algunas de ellas.

Es un hecho incuestionable que, ayer y hoy, todos los políticos gubernamentales intentan influenciar, de diversas maneras, a los medios de comunicación para que éstos apoyen, o en el peor de los casos no critiquen, las políticas del gobierno. Esto rige también en el Reino Unido. Sin embargo, Chamberlain sobrepasó a todos los primeros ministros de Gran Bretaña en este objetivo y en los medios utilizados para lograrlo. Como ha escrito Gossen:

It may be true that virtually every British politician in the twentieth century has attempted to manipulate the press to suit government policy. Neville Chamberlain, however, pursued this goal with a thoroughness and vigor unmatched by previous occupants of Downing Street. (1).

El papel de Chamberlain con la prensa fue descrito por Margach de la siguiente manera (negrita mía):

Neville Chamberlain was the first Prime Minister to employ news management on a grand scale. His aim had nothing remotely to do with open Government, access to information and the strengthening of the democratic process; it had everything to do with the exploitation of the press to espouse and defend Government thinking. From the moment he entered No. 10 in 1937 he sought to manipulate the Press into supporting his policy of appeasing the dictators. As he became increasingly passionate over appeasement and the more it came under attack from the media, the more he abandoned persuasion, turning instead to the use of threats and suppression to coerce the Press into cooperation. In order to cling to power. Chamberlain was prepared to abuse truth itself. He made the most misleading and inaccurate statements, which he was determined to see published so as to make his policies appear credible and successful. Quite simple, he told lies. (2).

Por su parte, Lynne Olson dice que el gobierno de Chamberlain no censuró directamente a la prensa, pero Chamberlain dejó claro que envidiaba a Hitler y Mussolini en sus poderes de hacerlo. En cambio, lo que hicieron Chamberlain y su gobierno, sigue Olson, fue empujar a la prensa para que se censurara a sí misma. Esto seguro que a muchos les resultará muy familiar con lo que sucede con la prensa impresa actual, al menos en España. Durante un encuentro con Goebbels, Lord Halifax expresó su acuerdo con el ministro nazi acerca de la necesidad de evitar “the press in either country from making mischief”. Y poco después de este viaje a Alemania, Halifax escribió al embajador en Berlín: “If only we can get the press in both countries tame” (3).

Esto no era difícil en Gran Bretaña con la BBC, la única fuente de noticias de radio para los británicos, financiada por el gobierno, responsable ante el parlamento y supuestamente con independencia editorial. Claro que lo primero que hizo Chamberlain al llegar a Downing Street fue sustituir al jefe de la BBC, Sir Jonathan Reith. John Ruggiero escribió (negrita mía):

Leaving no stone unturned in his attempt to prevent war, Chamberlain sought not to educate public opinion, but to control it. High on his list of “devils” was the government-controlled BBC. John Coatman, the chief news editor at BBC, admitted after Munich, that he and his colleagues had participated in “a conspiracy of silence” that had prevented the British public from obtaining any genuine understanding of the events taking place. Sir Jonathan Reith of BBC, too, was forced to resign for failing to prevent dissident voices from being heard on BBC even though he tried his best to accommodate the government’s position. Other press lords and editors acknowledged that they, too, either sat on a story or watered it down at Chamberlain’s request. And J. L. Garvin of the Observer also admitted writing “under the strictest reserve.” (4).

Olson describe la manipulación de Chamberlain con la prensa así:

While Chamberlain may have been old-fashioned in his manners and style of dress, he proved to be well ahead of his time in the manipulation and massaging of the press. He and the head of his press office, George Steward, were masters of what came to be known a half century later as spin. From the day he took over as prime minister, Chamberlain cultivated the press, particularly the newspaper' lobby correspondents, who were influential political journalists with special access to Parlamient and its members. The prime minister invited the lobby correspondets to chat with him -off the record- at a series of luncheons at St. Stephen's Club, a popular hangout for MPs and government officials near Parlamient. (5).

(1) David J. Gossen (1994), “Public Opinion,” Appeasement, and The Times. Manipulating Consent in the 1930s. The University of British Columbia, Vancouver, Canada, p. iii.
(2) James Margach, The Abuse of Power: The War Between Downing Street and the Media from Lloyd George to Callaghan (New York: Transatlantic Arts, 1978), p. 50.
(3) Lynne Olson, Troublesome Young Men (New York: Farrar, Straus and Giraux, 2007), p. 179.
(4) John Ruggiero, Hitler's Enabler, p. 50.
(5) Lynne Olson, Op. Cit., p. 120.

Ya continuaré en otra ocasión.

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Mié Feb 14, 2018 11:13 am

¡Hola a todos!

Quizás el estudio más impactante e influyente sobre la manipulación de la prensa por parte de Chamberlain sea el libro de Richard Cockett, Twilight of Truth. Chamberlain, Appeasement and the Manipulation of the Press (Weidenfeld & Nicolson, 1989), libro resultante de su inédita tesis doctoral “The Government, the press and politics in Britain 1937 to 1945” presentada en la University of London en 1988. Cockett habla de una “relación incestuosa” entre Whitehall y la prensa en la década de 1930, razón de la que deriva el apoyo mediático al apaciguamiento: “...due to the incestuous relationship between Whitehall and the press that developed during the 1930s that meant that the press could in fact do nothing but help Chamberlain pursue appeasement”. (p. 1).

Chamberlain fue un consumado maestro en el manejo del lobby mediático, posibilitando que los periodistas políticos fuesen “honorary members of a power establishment and ex-officio members of a political system” (p. 7). Todo periodista que cuestionara las intenciones de Hitler y Mussolini o expresara dudas sobre el apaciguamiento de esos dictadores por parte de Chamberlain, automáticamente quedaba excluido de las reuniones informales con Chamberlain y sus ministros, y perdía el acceso a otras noticias. Cockett subraya la influencia de Dawson, el editor jefe de The Times, que tenía íntimo contacto con Halifax y Chamberlain y conocía más secretos que los propios miembros del gobierno: “...it was not for nothing that The Times was taken to be a semi-official conduit of the British government thinking” (p. 12).

La tesis doctoral de Michael Meznar [(2005), The British Government, the Newspapers and the German Problem 1937-1939. Durham University] es la historia revisionista más reciente, en lo que yo tengo noticia, contra la literatura crítica sobre las relaciones entre los medios británicos y Chamberlain, especialmente contra el libro de Cockett. Meznar basa su estudio en el contenido de los periódicos, en contraposición a Cockett, que se centra en las relaciones de propietarios, editores y periodistas con Whitehall. Se trata de una revaluación de las relaciones entre el gobierno y los periódicos durante la política de apaciguamiento bajo Chamberlain, y mantiene que aunque el gobierno se esforzó en influir en el contenido de los periódicos con una intensidad mayor de lo habitual, estos esfuerzos fueron una reacción a la gran independencia política de los periódicos durante la época de entreguerras. Para ello analiza el periódico del establishment The Times, el de los conservadores Daily Telegraph, los periódicos de Lord Beaverbrook (un antifascista que, sin embargo, defendió el apaciguamiento) The Yorkshire Post y Manchester Guardian, el liberal News Chronicle, y el laborista The Daily Herald. En mi opinión, los meritorios esfuerzos de Meznar son incapaces de refutar el hecho indiscutible de que la inmensa mayoría de la prensa británica, con muy contadas y ocasionales excepciones, se posicionó en favor, promoción y defensa de la política de apaciguamiento de Chamberlain. Sea como fuere, esta tesis está disponible en formato pdf en http://etheses.dur.ac.uk/1783/ Contiene un buen resumen de la historiografía de este tema mediático.

La relación de Dawson y The Times con Whitehall está analizada en otra tesis doctoral ya mencionada en la nota 1 de mi anterior intervención, de David J. Gossen, igualmente disponible en Internet. Según Gossen, para The Times la política de seguridad colectiva dividiría a Europa en alianzas hostiles que conducirían inevitablemente a la guerra. Además, era insostenible porque metería a la Rusia comunista en los asuntos de la Europa oriental. The Times prefería, en cambio, dejar esta parte de Europa a la Alemania anticomunista, toda vez que para este periódico no había intereses vitales británicos en esa región. En consecuencia, cuando Chamberlain calificó de “consejo de la desesperación” las llamadas del Parlamento para un acercamiento con la Unión Soviética, The Times lo aplaudió. Y siempre estuvo defendiendo y promocionando la política de apaciguamiento hasta marzo de 1939 (y a Chamberlain hasta su dimisión), cuando la invasión alemana del resto de Checoslovaquia demostró por enésima vez que no era posible seguir confiando en Hitler.

The Times promovió constantemente el establecimiento y reforzamiento de buenas relaciones entre Gran Bretaña y Alemania, señalando que estas buenas relaciones demostraban que las democracias y las dictaduras podían trabajar juntas de forma amistosa. Esta visión merece subrayarse, pues el periódico la mantuvo pese al hecho conocido de que la Alemania de Hitler no tenía el más mínimo respeto por los derechos humanos de amplios sectores de la sociedad alemana. La política pro-alemana de la editorial ni siquiera tuvo en cuenta a sus propios corresponsales, que informaban, cuando se les permitió, de los horrores del antisemitismo nazi. Antes al contrario, en vez de criticar el horrible trato que estaban recibiendo los alemanes judíos, The Times elogió los logros de Hitler de desterrar de Alemania todo ambiente de derrotismo.

Gossen no pasa por alto el drástico cambio que se produjo en la política de la línea editorial del periódico en 1922, tras la muerte de su propietario Lord Northcliffe, y la llegada de nuevos propietarios (Lord Astor y el americano John Walter). El hasta entonces editor jefe, Wickam Steed, ardiente defensor de estrechar lazos con el continente europeo y de la joven democracia checa, fue despedido y sustituido por Geoffrey Dawson, quien durante las dos décadas siguientes se haría con el total control del contenido del periódico y jugaría un importante papel político. En 1927 Dawson era ya uno de los seis hombres más influyentes de Inglaterra. A. L. Rowse, historiador y antiguo colega de Dawson en Oxford, lo definió como un empírico sin principios. Siguiendo lo apuntado por Cockett, Gossen subrayó que Chamberlain “employed cabinet ministers to meet with proprietors and editors of newspapers to cajole them into acts of self-censorship”.

Gossen concluyó en su tesis que la tragedia de Gran Bretaña en la década de 1930 fue que los errores de Chamberlain en política exterior estuvieron acompañados de su uso represivo y manipulador de los principales canales de comunicación del país. The Times, sigue, podía haberse resistido a esta interferencia en el papel tradicional de la prensa como una voz de disentimiento. Y podía usar su vasta red de información para alertar a la nación del peligro inherente del nazismo sobre los valores e instituciones democráticas de Europa. En cambio, Dawson se unió a Chamberlain para retratar de forma acrítica las virtudes de la política del gobierno, satisfaciendo la obsesión de Chamberlain de manejar su imagen “pública” sofocando la disidencia. En el proceso genuino y correcto de buscar una paz duradera y la estabilidad en Europa, sin embargo, Chamberlain “employed less than noble means to ensure no one -least of all, 'public opinion'- interfered with his self-professed mission”.

The Times contribuyó a que los británicos se encontraran en semejantes circunstancias precarias trabajando estrechamente con el gobierno para disfrazar durante demasiado tiempo verdades desagradables sobre el estado de los asuntos exteriores. En vez de luchar para proteger la libertad de prensa permaneciendo distanciado de los políticos en el poder, The Times, junto con muchas otras destacadas publicaciones de Gran Bretaña, cayó en una cómoda conformidad con las autoridades. Gossen concluye desvelando el talón de Aquiles de la prensa al señalar: “They therefore turned their considerable resources for fact-finding into products of deception and bias. In the process, they unwittingly aided and abetted Hitler in leading the British people into a blind alley”.

Finalmente, otra obra que examina el papel de The Times y el apaciguamiento es el libro editado por Gordon Martel, The Times and Appeasement: The Journals of A. L. Kennedy, 1932-1939 (Cambridge University Press, 2009), que fue publicado originalmente en 2000 por la Royal Historical Society. Aubrey Leo Kennedy entró en The Times en 1910, siendo enviado a París como corresponsal ayudante, y luego, en 1912 a Serbia, y después a Rumania y Albania para cubrir la guerra de los Balcanes. Su carrera como periodista se vio interrumpida por la IGM, sirviendo en Flandes e Italia con la infantería ligera de Yorkshire, el cuerpo de inteligencia y los guardias escoceses. Cuando fue desmovilizado en 1919, volvió a The Times. Comenzó a escribir su diario en octubre de 1919. Lo importante del diario de Leo Kennedy, que fue un apasionado defensor de la política de apaciguamiento de Chamberlain, es su genuina descripción de las relaciones entre la prensa en general y los gobiernos británicos, concentrándose especialmente en The Times. En este sentido, su diario refleja el papel de The Times para modelar y controlar la opinión pública.

En fin, si alguien desea profundizar en este asunto, estaré encantado de colaborar en lo que pueda.

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Jue Feb 15, 2018 12:18 pm

¡Hola a todos!

En mi primera intervención en este hilo recomendé la lectura del artículo de Sidney Aster (nota núm. 3) para un análisis historiográfico del apaciguamiento. Se me quedó en el tintero incluir el análisis que introduce Daniel Hucker en su voluminosa tesis doctoral*. Si bien el capítulo que Hucker dedica a la historiografía del apaciguamiento es muy breve en comparación con el de Aster (7 páginas de Hucker contra 38 de Aster), a diferencia de Aster, que sólo contempla la bibliografía en lengua inglesa, Hucker incluye también la bibliografía en lengua francesa o sobre Francia (que yo apenas he leído). Según Hucker, la historiografía francesa sigue líneas de alguna forma diferentes a la inglesa, aunque no escapa a las mismas corrientes británicas de ortodoxia, revisionismo y posrevisionismo. A diferencia de lo que sucedió en Gran Bretaña con Guilty Men**, que fue la chispa que inició el incendio crítico que siguió, en Francia la llama crítica la prendió el famoso libro de Marc Bloch (éste sí que lo he leído), L'étrange défaite, escrito en 1940 y publicado en 1946, si bien, como observa Hucker, las críticas de Bloch se extienden a todos los aspectos de la sociedad francesa de la época. Al margen de este breve capítulo sobre la historiografía del apaciguamiento, la tesis doctoral de Hucker es de lectura obligada (aunque realmente agotadora).

*Hucker, D. (2006) The Role of Public Opinion in the Formulation of British and French Foreign Policy, 1938-1939. PhD Thesis. Department of International Politics, Aberystwyth University. Disponible en dos volúmenes pdf en http://cadair.aber.ac.uk/dspace/handle/ ... tribute=cy
**El Guilty Men tuvo su contrapartida francesa en Guilty Frenchmen (1940) de Cecil F. Melville, Aunque en lengua inglesa, versa sobre los "culpables" de la III República francesa, diferenciando entre "culpables conscientes" y "culpables inconscientes", según informa Hucker.

Saludos cordiales
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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por maxtor » Jue Feb 15, 2018 1:30 pm

Saludos cordiales Jose Luis.

La verdad es que no dejan de sorprenderme tus escritos y el nivel de erudición.

Es lógico pensar que el poder político quiera controlar a los medios de comunicación para que no supongan un estorbo en su política exterior e interior, todos los gobiernos democráticos lo hacen más o menos descaradamente, ya que en los gobiernos dictatoriales simplemente no existe prensa libre o simplemente son como el boletín oficial de publicación de las noticias que el dictador quiere que se publiquen…. Habitualmente una vez que el gobierno decide una línea de acción, en este caso el apaciguamiento de Chamberlain, le siguen después los medios de comunicación e incluso los servicios de inteligencia amoldan sus informes y estimaciones a lo que el gobierno de turno desea oír; ha pasado y seguirá pasando.

¿Tanto miedo tenía Chamberlain de la opinión pública británica? Si se exponía con toda claridad los objetivos de Hitler o lo que ya en esos años estaba pasando desde 1933 con el abuso de los judíos, el internamiento en campos de concentración de personas de ideología de izquierdas, el inicio del asesinato sistemático de enfermos mentales….. ¿aprobaría el pueblo británico una política de concesiones totales o pediría plantar cara?. Creo que Chamberlain no quería averiguarlo y el tándem con Halifax llevó a Inglaterra a casi ponerse de rodillas con Hitler pero no fue por debilidad moral sino porque iba en beneficio del Imperio británico. La figura de Chamberlain es un poco patética y con los datos que has aportado incluso inquietante, aunque mirando retrospectivamente sus defensores pueden argumentar que no sabía exactamente hacia dónde derivaría el régimen de Hitler, creo que su mayor error fue mirar exclusivamente a largo plazo en defensa del Imperio británico, el apaciguamiento creo que fue una maniobra consciente para salvaguardar los intereses británicos, que no tenían el menor reparo en enviar tropas a la India pero en cuanto una democracia como Checoslovaquia fue atacada todo eran excusas. Fue el análisis puro y duro de sus intereses británicos los que les hizo hacer tanta concesiones a Hitler pensando que de dicha forma podría alargar la vida del Imperio, sólo cuando Hitler atacó a Polonia y existía el riesgo de que Alemania dominara también el sur-este de Europa fue cuando GB vio peligro claro a su posición global en el mundo, y creo que fue ese el motivo de la garantía a Polonia.

Voy a ver si poco a poco me leo las tesis doctorales que he mejorado bastante el inglés, je, je.

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Re: Chamberlain y el fracaso del apaciguamiento

Mensaje por José Luis » Vie Feb 16, 2018 11:01 am

¡Hola a todos!
maxtor escribió:
Es lógico pensar que el poder político quiera controlar a los medios de comunicación para que no supongan un estorbo en su política exterior e interior, todos los gobiernos democráticos lo hacen más o menos descaradamente... ha pasado y seguirá pasando.

El verbo “controlar” es incompatible en la acción del poder ejecutivo sobre los medios de comunicación en una democracia. Cuando se da ese control se extingue la democracia, pues se le sustrae a la ciudadanía el derecho a una información veraz y plural. Otra cosa muy diferente es que los gobiernos intenten influenciar -algo muy diferente de controlar- en los medios de comunicación; esto es lo que ocurre en mayor o menor grado, dependiendo de cada caso (país), en los estados democráticos. Sin fuentes de información objetivas y plurales, al margen de la política de la línea editorial de cada medio, se abortan las condiciones para que exista una opinión pública diversa, y lo que queda es una opinión publicada. En el caso concreto de Gran Bretaña y la política de apaciguamiento durante 1937-1939, Chamberlain y su gobierno no intentaron influenciar en los medios de comunicación británicos, sino que intentaron controlar y manipular esos medios para que sus contenidos reflejaran las virtudes de dicha política, y lo consiguieron en una gran parte y durante casi todo ese periodo. Así, se le sustrajo a la sociedad británica la posibilidad de tener una opinión formada sobre este tema fundamental del apaciguamiento, no habiendo ya una opinión pública diversa sino una opinión publicada unificada. Sólo cuando ya no se pudo silenciar, ocultar o manipular la información, tras el golpe de Praga en marzo de 1939, sólo entonces comenzó a existir una opinión pública*.
maxtor escribió:
¿Tanto miedo tenía Chamberlain de la opinión pública británica?

En principio no debía tenerlo por las razones que he mencionado anteriormente. La opinión pública británica de la década de 1920 era claramente contraria a políticas de gobierno que pusieran en peligro la paz. Nadie quería la guerra, vivo el recuerdo y los desastres de la pasada. Las terribles consecuencias de la Gran Depresión que siguió a 1929 fueron otra poderosa razón para condicionar las políticas presupuestarias en la defensa nacional, pero a medida que se fue superando esta crisis financiera y económica, también fue cambiando la opinión pública y publicada. Hasta la llegada de Chamberlain a Downing Street. Entonces se produjo lo que en el mundo periodístico anglosajón se vino a conocer en la década de 1980 como “spin”, algo que viene a consistir en comenzar la información de forma tendenciosa y sesgada para afectar el juicio de la audiencia en la dirección deseada. Con todo y eso, la crisis checa de primavera y verano de 1938 supuso una herida mortal para el “spin”. Hubo una transformación extraordinaria en la opinión pública.

Hucker afirma en sus conclusiones que la opinión pública había progresado en Gran Bretaña y Francia, y que las élites de ambos países lo habían reconocido. La culminación de esta evolución de la opinión pública se produjo en septiembre de 1939, cuando tanto en Gran Bretaña como en Francia la gente “estaba dispuesta a afrontar la guerra, si no con entusiasmo, al menos con una resuelta determinación”. El fortalecimiento de la opinión desde Munich “no había sido efímero, sino sincero y genuino. Durante los doce meses pasados los dictadores habían demostrado consistentemente que sus apetitos no podían ser satisfechos por apaciguamiento. En esencia, al estallido de la IIGM, las percepciones de la opinión pública británica y francesa indicaban que la moral era buena”. (Hucker, 303).

Ahora bien, como creo haber demostrado, pese a la opinión pública dominante en Gran Bretaña en 1938 y 1939 (en el sentido de que había un apoyo mayoritario a no hacer más concesiones a los dictadores y a establecer una alianza con los soviéticos, una opinión que se reforzó todavía más durante las conversaciones para la asistencia mutua de primavera y verano de 1939, hasta el 87% de la opinión pública era favorable), Chamberlain continuó su política de apaciguamiento de los dictadores, al descubierto en 1938 y de forma encubierta a partir de marzo de 1939, manteniendo durante esos dos años el quehacer clandestino de sus canales secretos con los dictadores y su entorno. Los canales secretos no son en sí mismo nada condenable (Roosevelt los usó con frecuencia), salvo cuando se utilizan para buscar unos objetivos que son contrarios a la opinión pública mayoritaria, al parlamento y a buena parte del gobierno. Esto es claramente, en mi opinión, un acto de traición.

*Quizá se entienda mejor lo que quiero significar con un ejemplo cercano que conoce la mayoría de los españoles. Cuando se produjeron los ataques terroristas del 11M en Madrid, el Gobierno que entonces presidía el señor Aznar intentó controlar y manipular a los medios de comunicación para que los contenidos de su información sobre los atentados se adecuaran a las tesis del gobierno sobre sus autores (ETA). Aunque tuvo éxito en buena parte, no fue suficiente, pues hubo un importante medio de comunicación que informó de forma objetiva y plural sobre las diferentes líneas de investigación que entonces mantenían abiertas las autoridades policiales y judiciales. Si todos los medios de comunicación hubiesen sucumbido a las maniobras del gobierno (y si no hubiese Internet) es probable que la sociedad española creyese de forma genuina y durante mucho tiempo que los autores de los atentados fuesen quienes decía el gobierno que eran, ETA. No habría una opinión pública diversa sobre este asunto, sino una opinión publicada uniforme.

Saludos cordiales
JL
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)

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