Relaciones económicas germano-argentinas

Historia económica

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27Pulqui
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Relaciones económicas germano-argentinas

Mensaje por 27Pulqui » Mar Mar 11, 2008 3:29 pm

PRÓLOGO

En la década de 1960 investigadores alemanes, entre ellos Klaus Kannapin, empleando documentos de los archivos de Postdam por entonces vedados a los escritores occidentales, dieron por sentada la existencia de ambiciones imperiales alemanas previas y posteriores a 1933 en el hemisferio occidental, en particular en la Argentina.

En el libro Hitler sobre América Kannapin defendió la tesis del éxito germano en conseguir cierta influencia sobre grupos dominantes locales y la neutralidad pronazi sobre la base de las siguientes condiciones favorables:
a) Importante influencia germana sobre el sector militar argentino.
b) Un grupo bien organizado de emigrados bajo la influencia nacionalista mediante un trabajo de años en la colectividad alemana.
c) Propaganda demagógica concerniente a la política “antiimperialista” de Alemania, con la intención de beneficiarse del sentimiento antiimperialista de las masas populares.
d) Empresas alemanas en posiciones económicas relativamente sólidas, representadas sobre todo por AEG y Siemens.

De las cuatro hipótesis la a) tiene cierto asidero, premisas unilaterales como la b) y la c) están desacreditadas desde la apertura de archivos diplomáticos de los aliados de finales de la década de 1970, en tanto que la d) resulta exagerada al interpelarla con la presencia británica y estadounidense en el intercambio comercial y en especial en las inversiones radicadas en el país sudamericano, si la influencia es directamente proporcional a las inversiones y al comercio, entonces la Argentina debía ser forzosamente proaliada, más precisamente probritánica. (1)

La disparidad en favor de Gran Bretaña y Estados Unidos tiene correspondencia con la atención considerablemente mayor que recibieron las relaciones bilaterales y trilaterales con las potencias anglosajonas, en tanto las germano-argentinas fueron enfocadas hasta hace pocos años desde el aspecto ideológico-político. Contradiciendo a dicho enfoque, es legítimo pensar que si la neutralidad fue en buena medida un producto de los tradicionales lazos económicos con el Reino Unido –sin olvidar la oposición también tradicional a las aspiraciones hegemónicas de los Estados Unidos en el continente americano-, entonces las relaciones con Alemania previas a la conflagración –una vez comenzada la guerra prácticamente no existieron operaciones- de igual modo se centraron en cuestiones económicas, y por consiguiente, ya descartado el mito de la Argentina nazificada, es válido preguntarse por el comercio entre ambos países, sus limitaciones y la importancia real del capital alemán.

Esta exposición describirá las relaciones germano-argentinas, los acuerdos comerciales, las inversiones fijas alemanas y el intercambio de armas, para el último rubro la germanofilia de sectores militares -que supuestamente jugó un rol determinante- estará enmarcada en las tensiones con los Estados Unidos. Para ello he tomado como fuentes principales a:

Cisneros, Andrés y Escudé, Carlos, Historia general de la relaciones exteriores de la República Argentina, Buenos Aires, Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) – Grupo Editor Latinoamericano, 2000.

Musacchio, Andrés, “La Alemania nazi y la Argentina en los años ’30: crisis económica, bilateralismo y grupos de interés”, en Revista Ciclos en la historia, la economía y la sociedad, Vol. II, Nº 2, Buenos Aires, Facultad de Ciencias Económicas UBA, 1er semestre de 1992.

Newton, Ronald C., El cuarto lado del triángulo: la “amenaza nazi” en la Argentina 1931-1947, Buenos Aires, Sudamericana, 1995.

Quijada, Mónica y Peralta, Víctor, “España como lugar de tránsito de bienes y personas desde la Alemania nazi hasta la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial y la Posguerra”, Buenos Aires, Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina (CEANA), 1998.

Rapoport, Mario, ¿Aliados o neutrales?: la Argentina frente a la Segunda Guerra Mundial, Buenos Aires, EUDEBA, 1988.

Rapoport, Mario y Musacchio, Andrés, “Transacciones del Banco Central de la República Argentina en oro y divisas con países del Eje y neutrales y su relación con el comercio internacional en la Argentina”, Buenos Aires, Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina (CEANA), 1998.

Debido a que las relaciones con Alemania son subsidiarias del vínculo anglo-argentino y que es necesario explicar ciertas características de la estructura socioeconómica argentina, he agregado como fuentes complementarias a:

Díaz Alejandro, Carlos F., Ensayos sobre la historia económica argentina, Buenos Aires, Amorrutu, 1983.

Hora Roy, Los terratenientes de la pampa argentina. Una historia social y política 1860-1945, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002.

Rapoport, Mario, Gran Bretaña, Estados Unidos y las clases dirigentes argentinas: 1940-1945, Buenos Aires, Belgrano, 1981.

Smith, Peter H., Carne y política en la Argentina, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.

Vázquez-Presedo, Vicente, Crisis y retraso: Argentina y la economía internacional entre las dos guerras, Buenos Aires, EUDEBA, 1978.


NOTAS:

(1) Me parecen convincentes y bien fundamentados los puntos de vista presentados en dos artículos disponibles en internet: Mario Rapoport, “La Argentina y la Segunda Guerra Mundial: mitos y realidades”, Leonardo Senkman, “El nacionalismo y el campo liberal argentinos ante el neutralismo: 1939-1943”, en Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe (EIAL), Universidad de Tel Aviv, Vol. 6, Nº 1, Enero-Junio 1995 (http://www1.tau.ac.il/eial/). Análisis de otros autores en diversos aspectos de las relaciones internacionales de este período tienen líneas de interpretación cercanas a las de los trabajos pioneros de Rapoport, por ejemplo Raanan Rein, Entre el abismo y la salvación. El pacto Franco-Perón, Buenos Aires, Lumiere, 2003, Mónica Quijada, “El comercio hispano-argentino y el Protocolo Franco-Perón, 1939-1949. Origen, continuidad y límites de una relación hipertrofiada”, en Revista Ciclos en la historia, la economía y la sociedad, Vol. I, Nº 1, Buenos Aires, Facultad de Ciencias Económicas UBA, 2do semestre de 1991.


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PS: antes de enviar el segundo mensaje de la serie reedité el mensaje inicial con objeto de agregar bibliografía y corregir detalles de forma.
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Mensaje por 27Pulqui » Sab Mar 15, 2008 2:26 pm

PRODUCTORES RURALES, INDUSTRIA AGROPECUARIA, COMERCIO Y FINANZAS

Hasta bien avanzado el siglo XX la política exterior argentina dependió en cierta medida del comercio de carnes. Los alfalfares de la pampa generaban las fortunas de los grandes terratenientes dedicados a la ganadería. Ubicados en el centro de la actividad, estos productores en épocas de conflictos retrocedían frente al inversor extranjero de la industria frigorífica, que controlaba el procesamiento, la comercialización y tenía inserción en la cadena de distribución del lugar de destino. A su vez, el gran terrateniente por su predominio social y mayor cercanía al poder político, se situaba en un lugar de privilegio respecto de productores menores. Los intereses del estrato superior de la burguesía agraria condicionaron los vínculos con las potencias, es por eso que en este capítulo cuyo objeto es describir las relaciones comerciales anteriores a la designación de Adolf Hitler como canciller, conviene comentar aspectos socioeconómicos, el lazo con Gran Bretaña y el triángulo anglo-argentino-estadounidense.


INVERNADORES Y CRIADORES ANTE EL FRIGORíFICO

El estallido de la Gran Guerra señaló el fin de una larga expansión del mercado mundial para productos primarios. La inestabilidad del mercado hizo que las variaciones de precios de los productos exportables argentinos durante los años veinte fuese la más pronunciada del siglo 1860-1960. La depresión del mercado dio lugar a enfrentamientos entre los productores y las empresas procesadoras, también entre distintos estratos de los propietarios rurales. La crisis ganadera demostró tanto la fortaleza de los frigoríficos como la debilidad de los productores, que fueron incapaces de dar respuesta a las contracciones del mercado británico, el principal receptor de los productos pecuarios de la pampa argentina. Para comprender este conflicto es preciso formular primero algunas consideraciones sobre la relación entre las empresas frigoríficas y los productores ganaderos.

En el siglo XX las exportaciones vacunas argentinas se volvieron dependientes del mercado británico y de un reducido número de compañías que aseguraban el lazo transatlántico. Esta característica se debe a la penetración de grandes empresas de capitales británicos y estadounidenses en el final de la etapa fundacional de la industria: 1) desplazó a inversores pioneros de origen anglo-argentino y con ellos la influencia local, 2) concentró el procesamiento en plantas de capacidad considerable en el puerto principal -Buenos Aires- tendiendo al oligopsonio, 3) introdujo la técnica conocida como enfriado, en especial por parte de los norteamericanos.

El enfriado –chilled- produce una carne de mayor calidad que el congelado, pero reduce la vida útil de la carne a 40 días desde el momento de la faena al consumo. La expansión del enfriado profundizó la especialización de las tareas de cría y engorde –o invernada- del ganado, consecuentemente acentuó la división de los productores rurales en estratos, los grandes terratenientes dispusieron de los mejores campos para mantener las abundantes pasturas necesarias para la invernada, mientras los propietarios rezagados se dedicaron a la cría en áreas marginales o con tierras menos aptas, y a la producción de animales para el congelado o el mercado interno. Así el magnate territorial –el grupo más concentrado de los invernadores- entabló una relación estrecha con el frigorífico de exportación, y en la crisis de los años veinte estaba en posición de trasladar la caída de los precios al criador.

La oferta argentina dominaba el mercado británico, y representaba el 90% de las importaciones totales de carne enfriada de Gran Bretaña. La Primera Guerra provocó una reversión temporaria de este proceso, ya que el gobierno inglés le dio prioridad a las necesidades del ejército, de manera que la carne enfriada fue desplazada por la congelada y la enlatada, menos perecederas y más fáciles de almacenar. El armisticio concitó la esperanza de que el mercado de calidad se recuperaría velozmente, pero con el fin de las compras del ejército la demanda para la carne de baja calidad prácticamente desapareció de un día para otro. Desde entonces, y por varios años, los productores de áreas marginales se encontraron con que tenían animales que no podían ubicar ni en Europa ni en el mercado interno, que también se orientó a la carne de mejor calidad como consecuencia de la baja de los precios.

El gobierno de la Unión Cívica Radical era renuente a intervenir en el mercado, no quería enemistarse con poderosos intereses extranjeros ni favorecer el aumento de los precios domésticos de un alimento central en la dieta popular. No obstante, cuando Marcelo de Alvear reemplazó en el Poder Ejecutivo al caudillo Hipólito Yrigoyen, se originó una profunda división en el partido, por causas políticas legisladores radicales yrigoyenistas en alianza con la oposición conservadora sancionaron la ley de precio mínimo en 1923. El desinterés de las autoridades y la falta de unidad del sector no ayudaron al cumplimiento de la ley, por lo cual los frigoríficos mantuvieron la posición dominante, y sus principales proveedores, los grandes invernadores, el control sobre los eslabones inferiores de la actividad.

A mediados de los años veinte mejoró la situación de los criadores, si bien no exenta de altibajos, con la Gran Depresión el panorama volvió a tornarse angustioso. Por motivos que serán comentados más adelante, la relación comercial con Alemania trajo alivio a los productores de animales para el congelado. El mercado germano no había sido hasta entonces un gran receptor de carne congelada, las potencias de Europa continental fueron reacias a conceder el libre acceso a la carne del país del Plata, aunque hacia finales de la década de 1920 las ubicaciones de este producto en el mercado alemán representaban un porcentaje significativo del total de carne congelada exportada. La coyuntura de mediados de los años treinta obligó al régimen nazi a admitir mayores cantidades de carnes argentinas.


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Por error había publicado una versión de este mensaje no revisada. Al día siguiente la reemplacé.
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Mensaje por 27Pulqui » Lun Mar 17, 2008 11:48 pm

EL COMERCIO EN LA DÉCADA DE 1920

Los necesidades europeas en la posguerra causaron otras consecuencias en la producción argentina y su relación con el comercio internacional. La devastación de la guerra, que provocó una gran reducción del ganado y la destrucción del suelo, explica la lenta recuperación de la agricultura en la Europa Oriental. Esto significó en la inmediata posguerra la salida de Rusia como gran proveedora de trigo para el continente. Ya en 1919/1920 se advertía que los precios de los cereales superaban holgadamente cualquier otro nivel del pasado, a partir de 1921 la relación entre los precios de los cultivos tradicionales del agro pampeano y la carne vacuna fue ampliamente favorable para los primeros.

El sistema de arrendamiento característico de la conformación básica del campo moderno en la Argentina, período coincidente con la gran expansión del comercio mundial entre 1880 y 1914, facilitaba la flexibilidad del cambio de la ganadería a la agricultura y viceversa, las empresas podían asignar más o menos tierras a cada actividad según dictara la coyuntura del mercado. Estos desplazamientos se producen en las tierras que tienen aptitud mixta, que representan un 70% del total de la superficie pampeana utilizable con fines productivos. Por su escala el cambio hacia la agricultura y la contracción de la ganadería luego de 1922 carecía de precedentes, solamente en la Provincia de Buenos Aires, entre 1922 y 1928 la superficie cultivada con cereales y lino se incrementó de 11.500.000 a 19.400.000 hectáreas, en el mismo lapso la sembrada con alfalfa cayó de 8.500.000 a 5.400.000 hectáreas. Así, como resultado de estos procesos la exportación de carnes que en el quinquenio 1914-1918 representaba el 27%, baja en 1925-1929 al 15%, mientras que la del trigo sube del 17% al 22%, la del maíz del 10% al 18% y las del lino del 6% al 12%.

En la industria procesadora de los cultivos existía una fuerte centralización del capital en un número reducido de empresas harineras y aceiteras, que -al igual que las frigoríficas- complementaban sus operaciones en el transporte y en la comercialización en los puertos de destino. A diferencia del comercio de carne, las firmas inglesas controlaban un bajo porcentaje de las exportaciones, al menos hasta el final de la Gran Guerra, por eso fracasaron los intentos británicos en reducir las exportaciones directas o indirectas a Alemania durante el conflicto. Los ingleses no estaban implantados los Big Four que dominaban el mercado mundial de granos, donde sí tenían participación los germanos.

Superados los efectos de la guerra, el intercambio argentino-alemán en los años veinte había tomado cierto impulso que lo llevó a ocupar una posición relevante en la economía del país del Plata. Si bien lejos del nivel de Gran Bretaña y los Estados Unidos, Alemania se había transformado en el tercer proveedor de la Argentina, logrando el segundo lugar como importador. La Argentina, a su vez, era la nación sudamericana que mejores vínculos tenía con ese país europeo.

Tabla 1
Participación en el comercio exterior argentino (en porcentajes)
Año................ GB............................EEUU......................Alemania
.................Imp.........Exp............Imp..........Exp...........Imp..........Exp
1928.........19,6.........28,7...........23,1.........8,3...........11,6.........13,7
1929.........17,7.........32,2...........26,5.........9,8...........11,1.........10,0

Tabla 2
Valor de las exportaciones según países de destino principales (en millones de pesos corrientes)
(primera parte)
Año...........GB..........EEUU......Alemania....Bélgica
1920.........636...........350...........54...........120
1921.........466...........135..........115............84
1922.........341...........181..........120...........105
1923.........429...........204..........145...........106
1924.........532...........163..........230...........162
1925.........472...........163..........202...........127
1926.........452...........164..........186........... 136
1927.........649...........190..........377........... 227
1928.........687...........198..........329........... 220
1929.........697...........212.......... 217...........232

(segunda parte)
Año.......... Francia...Holanda......Italia........Brasil
1920........ 161.......... 81............ 78............ 51
1921.........171...........57.............51............65
1922...........90.......... 47............ 54............ 61
1923.........132...........70............ 65............ 57
1924.........156.........124............ 91............ 73
1925.........145...........76............79.............76
1926.........104...........66............77.............68
1927.........155.........253...........101............ 85
1928.........141.........266...........209............ 92
1929.........154.........209...........124............ 85


La tabla 1 es demostrativa de los desequilibrios en el intercambio con el Reino Unido y Estados Unidos, la balanza comercial argentina mantenía superávits con el primero y déficits permanentes con el segundo, el esquema triangular de los años veinte y treinta, aunque la balanza de pagos con cada partenaire tendía a equilibrarse por los servicios financieros y las remesas de las inversiones británicas –en especial las ferroviarias- y el ingreso de capitales estadounidenses. En 1929 el superávit comercial con Inglaterra fue de 352 millones de pesos y el intercambio con Estados Unidos arrojó un déficit de 304 millones de pesos. Esto último se debía a que las economías argentina y estadounidense no eran complementarias sino competitivas, el lobby del campo norteamericano presionaba para resguardar sus productos, el proteccionismo en los Estados Unidos tuvo su expresión más acabada con las leyes Fordney-McCumber (1922) y Hawley–Smoot (1930).

A su vez, el país norteamericano interponía barreras extra-aduaneras, en 1927 prohibió las importaciones de carne fresca de la Argentina alegando razones sanitarias. Fue entonces que comenzó a difundirse el célebre lema comprar a quien nos compra. En 1931, por ejemplo, el vocero de la Sociedad Rural instaba a sus lectores a no comprar maquinaria agrícola estadounidense, argumentando que los tractores importados podían ser reemplazados por caballos. Para entonces, el lazo con Gran Bretaña estaba siendo defendido, aun a costa de la eficiencia del sector de exportación.

En este contexto sobreviene el lunes negro en Wall Street, el sistema monetario internacional, sacudido por la Primera Guerra, asistió sucesivamente al colapso del patrón oro, un efímero ensayo de restauración en la segunda mitad de los años veinte y su quiebre definitivo bajo el efecto de la Gran Crisis a comienzo de los años treinta. El primer efecto será el repliegue argentino sobre su principal comprador, el comercio con Alemania caerá en términos absolutos y relativos. Contemporáneamente el país europeo sufría grandes transformaciones internas, será en 1934 cuando ambos gobiernos intentarán recomponer el intercambio.


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Mensaje por 27Pulqui » Mié Mar 19, 2008 4:01 pm

TIEMPOS DE CRISIS

Antes del crack de la bolsa de valores de Nueva York la Argentina ya había comenzado a sentir una declinación de sus finanzas al deteriorarse sus términos del intercambio con el exterior –los precios agrícolas comenzaron el descenso en 1927-, a lo cual se sumó el drenaje del oro y una retracción de las inversiones extranjeras y los empréstitos públicos ocasionados por las altas tasas de interés que atraían fondos a Wall Street como consecuencia del auge especulativo que precedió al derrumbe. En este marco, se produjo un declive del ingreso nacional, que no tuvo como causa principal una contracción de la actividad productiva, la cual se mantuvo más o menos estable, sino que reconoce su origen en el impacto de la crisis externa sobre la balanza comercial y en la rigidez de los servicios del capital extranjero.

La situación económica terminó por erosionar al ciclo radical, en septiembre de 1930 un golpe de Estado inició la restauración oligárquico-conservadora. En 1930 las exportaciones argentinas sólo lograron crear dos tercios de los créditos en moneda extranjera logrados en 1929. Las importaciones, en cambio, declinaron menos, con términos de intercambio cada vez más desfavorables. El servicio de la deuda externa, que el gobierno del golpe estaba firmemente dispuesto a desembolsar, complicaba aún más el panorama. Estas circunstancias, no dejaron más alternativa que implementar una medida que traería consecuencias insospechadas: la intervención del mercado de cambios.

Con el objetivo de que las autoridades tuviesen un mayor control sobre las escasas divisas, la respectiva Comisión de Control de Cambios fue establecida en Buenos Aires por decreto en octubre de 1931, y los bancos interesados en operaciones con el exterior se vieron obligados a su supervisión. Los permisos de cambio se distribuirían de acuerdo a un orden de prioridades, en el primer renglón estaban los servicios de la deuda. Las importaciones en sí no estaban restringidas sino en el sentido de que “los importadores podrían introducir todo lo que quisieran, siempre que sus proveedores del exterior estuviesen dispuestos a correr el riesgo de una demora en el cobro de sus créditos”, con lo cual se acumularon deudas impagas que dieron lugar a lo que después se conoció como “fondos bloqueados”.

La Gran Crisis llevó a la quiebra del sistema multilateral de comercio y pagos, con el consecuente abandono del patrón oro, produciéndose el regreso a los sistemas de preferencia imperiales y a los convenios bilaterales de comercio. La retracción sobre el Imperio le dio la oportunidad a los sectores agrarios del Reino Unido y de los Dominios de mejorar su posición respecto de los argentinos, bajo el lema home producers first, empire producers second, foreign producers last, la Conferencia Económica Imperial reunida en Ottawa en agosto de 1932 implementó un sistema de cuotas desfavorable para la Argentina.

En febrero de 1932, luego de imponerse en elecciones en las que estuvo proscripto el Partido Radical, el general Agustín Justo asumió la presidencia. Los grandes terratenientes disponían de una notable influencia en el gobierno, la nueva administración priorizó la salvación de la ganadería de exportación, aun en perjuicio de otras actividades y de los consumidores. En respuesta a los convenios imperiales de Ottawa, Justo envió a la capital británica un equipo que obedecía a dos instrucciones: 1) recuperar el nivel de las carnes argentinas en el mercado inglés, 2) arrebatar el control del comercio de exportación al pool frigorífico anglo-norteamericano. La parte británica tenía variados motivos: 1) descongelar 11 millones de libras esterlinas bloqueadas por el control de cambios en Buenos Aires, 2) expandir el mercado para sus productos manufacturados, 3) continuar protegiendo a los ganaderos ingleses. De las negociaciones surgió el Tratado de Londres, más conocido como Pacto Roca-Runciman.

Con este convenio se inició una nueva era en las relaciones exteriores argentinas, en la cual se buscó comerciar con naciones a las que más se les podía exportar, dentro de las cuales ocupaba un lugar de privilegio Gran Bretaña. A partir de ese momento se aprecia una creciente bilateralización del comercio exterior, mediante dos procedimientos: la firma de convenios entre estados, y la utilización discrecional de las asignaciones de divisas otorgadas por la Comisión del Control de Cambios para orientar el origen de las importaciones. Luego del Pacto Roca-Runciman, con el cual intentó mejorar el vínculo con el Reino Unido, la Argentina se concentró en redefinir los lazos que la ligaban a países que ocupaban una posición secundaria -lo cual no quiere decir insignificante- en su comercio exterior.


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Mensaje por José Luis » Mié Mar 19, 2008 6:05 pm

Estupendo, 27Pulqui, te sigo con deleite :-D
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)

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Mensaje por 27Pulqui » Sab Mar 22, 2008 1:04 am

Gracias José Luis.

Esperaba al menos una intervención de mis compatriotas objetando en duros términos al acuerdo de Londres. Es un tema que todavía despierta pasiones. Mejor, así puedo mencionarlo sin ganarme problemas. :-D

Saludos.
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Mensaje por 27Pulqui » Sab Mar 22, 2008 1:11 am

RELACIONES COMERCIALES DE LA ARGENTINA CON EL TERCER REICH

Con el Roca-Runciman la “oligarquía vacuna” se aseguró una participación en el mercado de carnes inglés a cambio de concesiones que profundizaban la dependencia con el imperio declinante, la Argentina, según los críticos más ásperos del pacto, se convirtió en los hechos en el sexto dominio de la Corona Británica. A los efectos de esta exposición, el tratado interesa como punto de partida de una serie de convenios bilaterales, y ya formulada la introducción en la apartado anterior, este capítulo está dedicado al intercambio con la Alemania nazi, las necesidades y las estrategias de las partes.


LA VUELTA GERMANA A SUDAMÉRICA

Desencadenada la Gran Depresión el comercio argentino-alemán tenía pocas posibilidades de salir indemne. A su vez, la conferencia de los países de la Cuenca del Danubio y Europa Oriental llevada a cabo con Alemania en Stressa ubicó a Rumania, Hungría, Yugoslavia y Bulgaria en mejores condiciones competitivas en la venta de granos. Argentina pasó del segundo al séptimo lugar dentro del grupo de naciones que más exportaban a Alemania, retrocediendo al décimo lugar en las importaciones. El intercambio entre las dos naciones en 1932 era el 22% del nivel alcanzado en 1928. La balanza comercial argentina siguió siendo superavitaria, sin embargo, al igual que con Gran Bretaña, la balanza de pagos tendía a equilibrarse por los servicios financieros y las remesas.

Tabla 3
Intercambio argentino-alemán en millones de RM.
Año.......... Exp. arg.......Exp. alem..........Total
1927.............611...............273................884
1928..........1.076...............298.............1.374
1929.............934...............347.............1.281
1930.............403...............287................690
1932.............192.................90................282
1933.............150...............100................250

El 30 de enero de 1933 el presidente de la República de Weimar nombró como canciller a Adolf Hitler, la estabilidad del nuevo canciller dependía de la solución del problema económico, el asunto crucial consistía en el elevado desempleo de la población alemana. El Primer Plan Cuatrienal estimuló diversas actividades, y ya en 1934 la desocupación había disminuido. La reactivación aumentó la demanda de materia primas y alimentos, de manera que en plena crisis de divisas la evolución interna estimuló la importación, el alza de los precios mundiales de las materias primas significó presiones adicionales sobre las reservas. Esto provocó un cuello de botella que intentó corregirse con el Nuevo Plan ideado por Hjalmar Schacht, ministro de Economía y presidente de la banca oficial alemana.

El gobierno del Reich fijó sus objetivos en América Latina y en el sudeste europeo. La caída abrupta que había sufrido el comercio alemán con Latinoamérica daba la esperanza de que con una buena estrategia de negociación ese comercio se recuperara más rápidamente que en otros casos. En este cuadro se envió a una delegación a Sudamérica encabezada por Otto Kiep, con el objetivo de firmar convenios bilaterales que no necesitaran de transacciones con divisas, es decir, basados en el trueque. En rigor, la misión partió antes de la implementación del plan del Nuevo Plan, pero los lineamientos generales de la política comercial ya habían sido prefijados: eliminar las restricciones existentes para las manufacturas, salvar las dificultades de divisas y equilibrar la balanza comercial alemana, el mecanismo clave era la regla del Reichsbank de que los Reichsmarks ya no podían venderse por otras monedas, sino que eran válidos sólo para la compra de bienes alemanes.

La delegación visitó en primer lugar a la Argentina, en junio de 1934. Llegada esa fecha ciertos acontecimientos habían creado un clima de acercamiento, por ejemplo, en marzo el país del Plata había otorgado una concesión de cuatro años al Condor Sindikat y a Lufthansa para encargarse del correo aéreo regular con Europa. En las negociaciones, las más arduas de la gira comercial, intervino J.A. Kulenkampff, uno de los empresarios germanos mejor informados del mercado en Buenos Aires. La dificultad residía en varios puntos: las dos naciones habían elevado los aranceles aduaneros, existían fondos bloqueados en cada país, Alemania tenía una fuerte restricción de divisas, la Argentina pretendía ubicar carnes en el mercado germano y necesitaba un saldo para utilizar en los servicios de la deuda y en las remesas de las inversiones radicadas en su territorio.

Estas divergencias contrariaban los objetivos primordiales de los gobiernos en política económica y exterior. Buenos Aires persistía en la firme decisión de continuar con el pago de la deuda externa y reclamaba el derecho de disponer de una parte de los ingresos para tal fin. Con objeto de no incumplir la condición del intercambio sin divisas, se utilizó un mecanismo del Tratado de Londres denominado “Cláusula Roca”, se le garantizaba a la Argentina un saldo comercial favorable fijado en 11 millones de RM, que a su vez agregados a los 5 millones de RM a depositar por importadores germanos en el Reichsbank para pagar deudas a exportadores argentinos, sumaban los 16 millones de RM necesarios para desbloquear fondos alemanes en Buenos Aires.

Salvada la dificultad, ambas naciones firmaron un convenio de compensación que evitaba transferencias de divisas, exigiendo la Argentina una cuota de compras por parte de Alemania similar a la de 1933. El acuerdo fue rechazado en Berlín, debido al saldo comercial favorable para la Argentina admitido en la “Cláusula Roca”, por eso se envió la orden de romper las negociaciones si no se aceptaba la totalidad de la posición alemana. Sin embargo, sucedieron algunos acontecimientos que fortalecieron la posición argentina.


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Mensaje por 27Pulqui » Mar Mar 25, 2008 7:05 pm

LAS CARNES EN EL CONVENIO COMERCIAL Y DE PAGOS

En el curso de las negociaciones tuvo lugar una creciente demanda de cereales debido a las pérdidas en las cosechas norteamericanas, por otra parte se concretó una venta de carne congelada a Italia. Alemania circunstancialmente perdió importancia como mercado, Berlín debió adoptar una actitud más flexible y en la firma del convenio de fecha 28 de noviembre de 1934 la Argentina logró que se respetase su pedido de mantener un saldo comercial a su favor. Ambos países se comprometían a que sus importadores tuvieran un tipo de cambio no menos favorable que el de los importadores de cualquier otra nación, la validez del acuerdo se estableció por un año, prorrogable a otro de no mediar la denuncia con dos meses de anticipación por alguna de las partes.

En su primer año de operación el tratado no logró la inmediata reactivación del comercio bilateral, ni una reducción en la tenencia argentina de Reichsmarks, que de acuerdo a los informes era de 55 millones. Los objetivos del Nuevo Plan del gobierno germano se estructuraban en torno a un intercambio sin divisas, para lo cual era imprescindible un aumento de las exportaciones, un punto difícil de conseguir por la evolución de los precios de las manufacturas alemanas. A su vez, las intenciones argentinas de mejorar el intercambio se veían dificultadas por la competencia del Brasil. El país lusoparlante se mostraba más receptivo hacia los productos germanos, lo cual le permitió negociar sus propias exportaciones más favorablemente, abasteciendo a Alemania de productos sustitutivos de los argentinos, como algodón, lana, cueros, maderas e incluso, aunque esporádicamente, carne. Estos productos no tenían facilidades de entrada en el mercado estadounidense, en aquellos años debido a las restricciones norteamericanas y las dificultades en el comercio alemán-argentino, el Brasil había pasado a ocupar el primer renglón en el comercio germano con Latinoamérica. Sin embargo, a partir de 1935 se producirán hechos de distinta índole que permitirán mejorar el intercambio argentino con el Reich, en especial el punto central de la política comercial aún no resuelto: las carnes.

En Alemania se produjo una merma del ganado como consecuencia de factores climáticos, por otro lado el aumento de la ocupación trajo aparejado un crecimiento de la demanda. Así, al renovarse el acuerdo en octubre de 1935, cuando se lo amplió por un año, se fijó una cuota de importación de carne congelada de 10.000 toneladas, con la posibilidad de compras de 25.000 toneladas más, dependiendo éstas de las adquisiciones gubernamentales argentinas a Alemania. Las mutuas concesiones de las partes abrieron la posibilidad a la Argentina de recuperar la posición en el mercado de carnes germano, en tanto Alemania podía incrementar las ventas de equipos a los ferrocarriles del Estado y a la petrolera nacional Yacimientos Petrolíferos Fiscales.

En 1936 la Argentina debió renovar el convenio con Gran Bretaña. Como consecuencia de las presiones sobre el gobierno inglés de los miembros del Commonwealth y de los propios productores locales, las carnes argentinas se vieron gravadas con fuertes impuestos aduaneros al entrar en territorio británico. Para Alemania se presentaba un cuadro más favorable en su relación con la nación platense, no obstante, la Argentina no dudó en recurrir a presiones para lograr la introducción de sus carnes en el país europeo. En julio de 1936, por ejemplo, Alemania necesitó abastecerse de maíz con urgencia, para eso recurrió a Buenos Aires con la propuesta de un negocio especial, pero la prioridad a la exportación de carnes por parte de las autoridades argentinas condicionó el abastecimiento de maíz a compras extraordinarias de carnes congeladas, en la proporción de 2 toneladas por cada 100 de maíz.

Hacia mediados de 1937 las necesidades alemanas orientadas hacia la compra de granos más las dificultades para conseguir bodegas en los barcos frigoríficos habían llevado a una disminución de las compras de carne. El gobierno argentino había triplicado las importaciones de productos alemanes, sin que su par germano mostrara reciprocidad. Las autoridades alemanas respondieron con un pedido de 10.000 toneladas de carne, pero las condiciones originales del convenio y la escasez de divisas no dejaban margen para la transacción de granos. Así, Berlín plantearía la eliminación de los contingentes de importación obligatorios, propuesta aceptada por Buenos Aires a cambio de fijar una cuota de 50.000 toneladas de carne. Con estas nuevas disposiciones Alemania se transformó en 1937 en el principal comprador de carne congelada argentina, absorbiendo el 50% de dichas exportaciones.


Tabla 4
Exportaciones argentinas de carnes (en miles de toneladas)
Año...........(1)............(2)...........(3)............(4)............(5)
1928.........579..........125...........22............24.............19
1930.........507............99...........20............14.............15
1931.........491............84...........17..............1...............1
1932.........451............37.............8..............1...............2
1933.........439............32.............7..............1...............2
1934.........447............32.............7..............1...............2
1935.........452............31.............7..............5..............16
1936.........473............40.............8.............20.............50
1937.........523............92...........18.............47.............51
1938.........524..........103...........20.............49.............48
Referencias: (1) Total, (2) Congelada, (3) Porcentaje de congelada sobre el total, (4) Congelada a Alemania, (5) Porcentaje de congelada exportada a Alemania.

Si bien la carne congelada tenía una participación menor en el comercio exterior argentino, y, como hemos visto en el primer capítulo, la posición económica del sector encargado de producirla no era la más influyente, la exportación a mercados secundarios ayudó a morigerar el conflicto planteado entre invernadores y criadores como consecuencia de la Gran Crisis. Al mismo tiempo, las transformaciones estructurales de la economía argentina motivaron a los invernadores a capitalizar la renta agraria en inversiones urbanas, y a los criadores a dedicarse a un mercado interno en expansión, con mayor demanda derivada de la industrialización por sustitución de importaciones, el proceso que en la década del treinta atravesó a toda América Latina. Aun así, durante la crisis el problema de las carnes condicionó las relaciones exteriores, resultando el convenio bilateral con Alemania un alivio para los criadores.


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Mensaje por 27Pulqui » Vie Mar 28, 2008 2:50 pm

EN VÍSPERAS DE LA GUERRA

A las exigencias alemanas continuas de alimentos y materias primas industriales se les agregaban necesidades militares mayores. En 1936 Berlín había firmado acuerdos con numerosas naciones, asimismo renovó el tratado con la Argentina. La obligación de compensar las importaciones con más exportaciones iba unida a las complicaciones germanas en comercializar manufacturas, además de los problemas provocados por la lentitud en las entregas y los precios altos, las ventas de exportaciones alemanas estaban dificultadas por el desvío de la capacidad industrial hacia fines armamentistas. Hitler eligió “los cañones antes que la manteca”, los partidarios en favor de la autarquía ganaron más fuerza, Schacht fue despedido por solicitar un uso más equilibrado de los recursos, y en abril Hitler otorgó amplios poderes a Hermann Goering como jefe del Segundo Plan Cuatrienal.

A partir de enero de 1937 con objeto de compensar la balanza comercial favorable a la Argentina los mecanismos del convenio se hicieron cada vez más engorrosos. Las operaciones se canalizaban a través de tres cuentas: la Cuenta A abarcaba las mercaderías de exportación regular donde intervenían los dos gobiernos mediante los permisos de importación -dentro de una cuota- y los controles de cambio, la Cuenta C cubría una cantidad pequeña de exportaciones argentinas en el mercado libre –sin el beneficio del tipo de cambio oficial-, y la Cuenta M o Cuenta del maíz fue creada en 1936 fuera del marco de la Cuenta A para las exportaciones del cereal y luego de carnes. Con la última cuenta el gobierno argentino obtenía ganancias en el cambio de divisas al acreditarle a los exportadores un valor menor, para luego ofrecerles descuentos sobre el cambio a los importadores de productos alemanes –que introducían automóviles, material para la construcción de puentes- a fin de incrementar las ventas germanas, y a su vez obtener mayores cuotas para las exportaciones argentinas, en especial de carne congelada.

Las concesiones otorgadas a firmas alemanas de construcción hicieron que sus ventas de artículos de hierro y acero crecieran hasta cierto punto a expensas de Estados Unidos, hacia 1938 Alemania se había convertido en el principal abastecedor del país del Plata en esos productos. En el mismo año, sus ventas de maquinaria, motores y vehículos (28,6% del mercado) se acercaban mucho a las de los norteamericanos (31,5%), en tanto los ingleses ocupaban un lejano tercer puesto (16,3%). Los fabricantes norteamericanos no disponían de un convenio bilateral -en parte por el proteccionismo de los productores del agro estadounidense- y en consecuencia estaban obligados a operar en el mercado libre a una tasa de cambio mayor que la oficial.

En 1937 el comercio germano-argentino había repuntado, dentro de los niveles y los precios de la década de 1930, muy distintos del boom agrícola de los años veinte. En términos relativos la mejora era evidente, Alemania pasó al tercer puesto -apenas por delante de Bélgica-, la nación sudamericana se convirtió en la principal abastecedora del país europeo en maíz, trigo, productos frigoríficos, pieles y cueros, linaza y otros aceites industriales, en general fue la segunda fuente de importaciones alemanas después del Imperio Británico.

Por otra parte, en 1938 el Reich suministró el 12,8% de las importaciones de la Argentina, para entonces el país sudamericano era tercero entre los socios comerciales no europeos de Alemania, cerca de Brasil, los Estados Unidos eran los primeros. No obstante la recuperación, la industria alemana estaba orientada hacia las necesidades militares, subsistían las demoras en las entregas, los pagos eran lentos, y en 1939 el temor general ante el clima prebélico hizo que los exportadores argentinos se preguntaran si les pagarían. En 1939 Alemania seguía siendo el tercer socio comercial, con el inicio de la conflagración las ventas totales alemanas cayeron a un 85% de los niveles de 1938, mientras las compras totales germanas bajaron al 55%.

Tabla 5
Intercambio argentino-alemán entre 1934 y 1938 en millones de RM.
Año...........Exp. arg....Exp. alem......Total
1934............152..............87............239
1935............143..............97............240
1936............118..............98............216
1937............295............147............442
1938............216............147............363

Por fuera del marco del convenio comercial -actualizado nuevamente en 1937 por dos años más-, en 1938 comenzaron gestiones para un acuerdo de trueque: equipo ferroviario alemán a cambio de alimentos y materias primas argentinos. Debido a la absorción de una ex-línea ferroviaria de los ingleses que incrementaba la red nacional, al gobierno le interesó el equipamiento de locomotoras diesel, vagones de carga, coches dormitorios y un variado equipo. Kulenkampff guió las negociaciones, en las que participaron las firmas Thyssen, Krupp y Ferrostaal, en ellas se estableció un plan de pagos del 20% al año, empleándose la mitad de los créditos anuales en la compra de lana. En 1939 se agregó el trigo en compensación, la Argentina quería ubicar los excedentes de una buena cosecha. La operación significaba 10 millones de RM, el presidente Ortiz firmó los documentos a fines de marzo de 1939, pero el estallido de la guerra tornó improbable concretar el intercambio y a fines del mismo año el trato fue cancelado.


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Mensaje por 27Pulqui » Dom Mar 30, 2008 1:17 am

EL INTERCAMBIO DURANTE LAS HOSTILIDADES

Con el comienzo de la contienda concluyó la aceptable evolución del comercio argentino-alemán de finales de los años treinta. Como ocurrió con el acuerdo ferroviario, muchos de los negocios fueron cancelados y el intercambio directo cesó abruptamente casi por completo. La causa principal de la interrupción del comercio con los países latinoamericanos fue el exitoso bloqueo marítimo británico, complementado por las listas negras de los aliados que intentaban boicotear las transacciones con las empresas de origen alemán. De hecho, parte del crecimiento del intercambio con Argentina en los años anteriores se debía a la acumulación de stocks de materias primas y alimentos que Alemania estaba realizando ante la eventual interrupción del tráfico con ultramar, de la misma manera que las empresas germanas en la Argentina se habían provisto de los bienes que compraban en Alemania para el futuro.

Tabla 6
Intercambio argentino-alemán entre 1939 y 1945 en millones de pesos.
Año........Exp. arg.......Exp. alem..........Total
1939...........90...............123................213
1940.............0................10..................10
1941.............3.................6....................9
1942.............0.................7....................7
1943.............0.................0....................0
1944.............0.................1....................1
1945.............2.................1....................3

Con el transcurso de la guerra, Alemania perdió el interés inicial de romper el bloqueo para continuar comerciando con América Latina, ya que se prefería reservar los buques para proveerse de caucho del Japón y metal de Suecia. No obstante, quedaba la posibilidad de utilizar barcos neutrales y ocultar las transacciones a través de complejas redes de reventa triangulada. Atentos a esta oportunidad, Rapoport y Musacchio -en el estudio de la CEANA mencionado en el prólogo- analizaron el comercio exterior argentino con Suecia y Suiza, dos de los posibles caminos hacia Alemania. En las conclusiones desestiman la existencia de una triangulación sistemática, aunque no puede descartarse que una cantidad no relevante de productos pueda haber seguido la ruta sueca en alguna de las dos direcciones. En opinión de los investigadores, también puede haberse dado el caso de que Suecia –al igual que Suiza- importara materias primas argentinas para transformarlas en su industria y, posteriormente, exportar parte de esa producción a Alemania, ya no dentro de un comercio triangular deliberado sino como un proceso de comercio normal.

Respecto de Portugal y España los autores extrajeron datos del Reporte Eizenstat (2). Este estudio fundado en documentos estadounidenses encontró un pequeño contrabando de insulina, extracto de hígado, diamantes de uso industrial y platino desde puertos argentinos y de otros países sudamericanos, con destino intermedio en España y Portugal, para ser llevados luego a Alemania. Los productos eran disimulados entre cargamentos no contrabandeados y, en su mayoría, habrían sido producidos por empresas alemanas radicadas en la república del Plata. La cantidad habría disminuido desde 1943 y cesado por completo hacia fines de 1944. Estas operaciones, si existieron aun en cantidades poco significativas, es de suponer que tienen más relación con la complicidad de funcionarios de baja jerarquía de la Aduana que con la política estatal.

El historiador Preston -sobre la base de un informe del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la cuestión española- señala la existencia de “un complejo y fraudulento sistema de fletes” con el que España abastecía a Alemania de materiales estratégicos, en tanto los sustituía por envíos desde la Argentina, que así escapaba al bloqueo aliado (3). En contradicción con lo que quiere demostrar nombra materiales que debía importar Argentina, a excepción del zinc y el volframio, los que suministraba en cantidades considerables a los aliados. La afirmación de este autor parece continuar una tradición historiográfica pertinaz que más bien ya es un mito histórico, más adelante sostiene que “el régimen de Juan Domingo Perón... [era] partidario del Eje” (4). Perón llegó a la presidencia en junio de 1946, cuando ya no existía el Eje. En cuanto a su influencia en el gobierno militar, recién adquirió real importancia en marzo de 1944, en el tiempo en que desplazó a miembros ultranacionalistas algunos de ellos de tendencia profascista, y es a partir de julio cuando concentró un poder decisivo, movilizando al gobierno a la conciliación con los Estados Unidos para romper el aislamiento diplomático.

La mención de España es oportuna para introducirnos en la compra de armas alemanas, ya que existieron gestiones durante la guerra para adquirir material español y para triangular operaciones por medio de barcos de bandera española.

Notas:
(2) El Eizenstat Report de junio de 1998 es el informe coordinado por el subsecretario del Departamento de Estado -Stuart Eizenstat- en el que intervinieron once agencias del gobierno de los Estados Unidos. De acuerdo con el reporte, con la excepción de la Argentina, todos los países neutrales hicieron una sustancial contribución a los fundamentos económicos del esfuerzo de guerra nazi.
(3) Paul Preston, Franco: caudillo de España, Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1998, p. 632.
(4) Ibid., p. 705.


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Editado un párrafo el 22/7/09 para una correccion de forma
Editada la nota 2 el 26/7/09 para una corrección de forma
Última edición por 27Pulqui el Dom Jul 26, 2009 4:19 pm, editado 3 veces en total.
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Mensaje por 27Pulqui » Lun Mar 31, 2008 6:30 pm

INDUSTRIA MILITAR Y COMERCIO DE ARMAS

En la segunda presidencia del general Julio A. Roca (1898-1904) el ejército argentino adoptó el modelo prusiano, esto produjo un impacto ideológico sobre el cuerpo de oficiales cuyas consecuencias siguen siendo objeto de debate. Lo cierto es que el ejército no podía ser ajeno a un mundo que se armaba hasta los dientes, el desarrollo de la industria del armamento ocupó un lugar destacado en la agenda del Estado al menos desde los años treinta. Tampoco podía un ejército en cierta medida germanizado evadir la proyección del Tercer Reich, no obstante, los intentos de compras de equipamiento alemán ya avanzada la conflagración deben estar ligados al marco internacional, donde los Estados Unidos jugaron un rol fundamental. Esta sección está dedicada a la relación comercial-industrial en el rubro armas con Alemania anterior a la guerra y durante la misma.


EL INTERCAMBIO EN LA DÉCADA DE 1930

Durante los años treinta el ejército y la armada, en respuesta al presunto crecimiento de la capacidad bélica de Chile y Brasil, recurrieron a Alemania para adquirir armas. En 1936 se instaló en Europa una comisión encargada a generales germanófilos -Pertiné y Mónez Ruiz, luego Pistarini- para la compra del armamento germano. La fuente más completa que dispongo hasta este momento es el libro de Ronald Newton, de ella extraje los datos. No menciona compras de armas livianas, es de suponer que están implícitas en los negocios de la prestigiosa Staudt & Co., que en asociación con las alemanas Krupp y Siemens-Schuckert fundó la aparentemente inocua Compañía Argentina de Comercio (Coaricó) con el fin de promover la venta de armas.

La filial de Berlín de Staudt representaba a los fabricantes de armas alemanes ante la comisión de compras argentina, cuando el acuerdo resultó insatisfactorio, las firmas alemanas tuvieron sus propios representantes en Buenos Aires. En Alemania los intereses de estas firmas estaban representados por la Asociación de Exportación de Material Bélico (Ausfuhrgemeinschaft für Kriegsgeräte o AGK). Las fuerzas armadas germanas fueron presionadas a aceptar un número crecientemente mayor de oficiales argentinos en misiones de entrenamiento, debido a que “la experiencia demuestra que cada vez que se apadrina de ese modo a los oficiales, a continuación se han hecho pedidos”.

Con los pedidos del gobierno argentino derivados del convenio comercial de compensación, los germanos lograron buenas ventas en el terreno de la aviación civil. Así, Aeroposta Argentina renovó su flota de correo aéreo con aviones Junker, aunque se desconoce la magnitud de la operación. Asimismo, para usos militares, el general Verdaguer en 1938 trajo trimotores Junker JU-52, y veinte aviones de entrenamiento Focke Wulf, éstos últimos iban a ser construidos bajo licencias en las fábricas militares de Córdoba, también los motores de avión Siemens. Sin embargo, los alemanes no fueron capaces de interesar a la Armada en un nuevo modelo de crucero, y no queda claro hasta que punto tuvieron éxito en la competencia con los norteamericanos, desde 1935 hasta 1939 los Estados Unidos vendieron a la Argentina municiones por valor de 14,7 millones de dólares, en 1938 Douglas y Northrup Aircraft vendieron 6,3 millones en aviones y casi 800 mil dólares en repuestos, y en 1939 1,1 millón más en aviones y repuestos combinados.

En 1937 ingenieros alemanes trabajaban en Córdoba con el propósito de encontrar sitios probables para un polvorín en Villa María y una fábrica de proyectiles de artillería en Río Tercero, entre tanto, una misión argentina viajaba a Alemania para negociar con el alto mando de la Wehrmacht y los directores de ventas económico-políticos de la firma alemana IG Farben a fin de instalar en la Argentina plantas de explosivos. Las negociaciones fueron en extremo complicadas, los intereses previos actuaron en contra y hubo que luchar contra propuestas competidoras de Dupont y Bofors.

Al fin, IG Farben -con una garantía de respaldo financiero del gobierno alemán- acordó coordinar la fabricación o compra de materiales en Europa, y su subsidiaria Köln-Rottweil comenzaría las tareas de construcción de polvorines en la Argentina. El proyecto era equivalente a 7 millones de pesos o 5,2 millones de Reichsmarks. Alfredo Moll, director de Anilinas Argentinas y de una firma estadounidense, ambas afiliadas de IG Farben, viajó a Estados Unidos con urgencia para comprar materiales adicionales antes de que la guerra estallara. El intento no tuvo éxito, y la construcción de polvorines en la Argentina continuó con intermitencias luego de comenzadas las hostilidades.

Aun así, los alemanes siguieron otorgando al proyecto una alta prioridad, con el permiso inglés, un transporte argentino que proveía diversos tipos de equipamiento y armas para la fábrica de explosivos, pasó a través del bloqueo en diciembre de 1939, otro envío quedó retenido en Lisboa y la obtención del salvoconducto fue motivo de infructuosas negociaciones diplomáticas. Materiales adicionales fueron embarcados en Bilbao en marzo de 1942 y mayo de 1943, pero al finalizar la Segunda Guerra, las plantas germanas de explosivos en la Argentina seguían inconclusas.


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Mensaje por 27Pulqui » Jue Abr 03, 2008 4:53 pm

GESTIONES DE COMPRAS EN 1942

Antes del ingreso de los Estados Unidos en la contienda, un memorándum del Departamento de Guerra fechado en julio de 1941 y aprobado por el presidente Roosevelt estableció un orden de prioridades para el equipamiento de los países del continente en cuatro categorías diferenciadas. En la primera se encontraban Brasil y México, a los cuales se proporcionaban armas ante un eventual ataque del Eje y de países vecinos, sugestivamente la mención “países vecinos” aparecía incluida sólo en el caso de Brasil. En la segunda figuraban Ecuador, Venezuela y Colombia, a fin de rechazar un ataque menos importante del Eje y para asegurar la estabilidad interna. La tercera abarcaba a países centroamericanos, únicamente para el control de la situación local. La cuarta comprendía a la Argentina y el resto de los países de América del Sur. Como se puede apreciar, antes de que se hubiera planteado el problema de la neutralidad argentina, la política armamentista estadounidense asignaba preferencia al Brasil.

El ataque japonés a la base de Pearl Harbor traería aparejado un creciente conflicto entre Estados Unidos y Argentina. El Departamento de Estado consideró que la decisión argentina de mantener relaciones diplomáticas con las potencias del Eje dejaba un flanco vulnerable en el continente, y en el segundo trimestre de 1942 el secretario de Estado Cordell Hull empezó a ejercer presión económica y política contra el gobierno conservador mientras proveía de armas a Brasil con los beneficios de la ley de Préstamo y Arriendo. Los militares argentinos ante el boicot norteamericano y el deterioro del equilibrio de fuerzas con el Brasil intentaron obtener armamento y equipos españoles o alemanes a través de España.

El investigador Potash sostiene que a mediados de 1942 el presidente Castillo esperaba un ultimátum del gobierno norteamericano. Ante esa posibilidad, agravada por una particular situación de la política argentina vinculada al ingreso brasileño en la guerra, la armada solicitó en el mes de agosto en un pedido oficial al agregado naval de la embajada alemana submarinos, aviones, municiones y cañones antiaéreos. El encargado de negocios español estaba al tanto de las gestiones, los envíos podrían despacharse como cargamento español en buques argentinos, estableciendo un sistema de pagos en las operaciones regulares de un convenio bilateral de comercio que también estaba en consideración (5). Al acuerdo comercial hispano-argentino firmado el 5 de septiembre le fue anexado un apéndice secreto para el desarrollo de industrias militares en el país platense, España proveería de metales estratégicos para la defensa, pólvora, explosivos y motores de aviación.

El Reich adoptó una actitud muy cautelosa, el alto mando tenía otras prioridades y aconsejó a su ministerio de relaciones exteriores que dilatara las negociaciones, las que terminaron en un fracaso para los militares argentinos. Según la historiadora Figallo, las tratativas por la compra de armamentos existieron, pero no hay certeza de la posterior materialización del acuerdo triangular. A excepción del arribo de un transporte auxiliar de la armada argentina, que partió de Vigo en 1942 con un envío correspondiente a compras realizadas antes del inicio de las hostilidades, y de otro embarque similar realizado en Lisboa en 1944, aparentemente no existen pruebas de una acción conjunta hispano-germana en favor del rearme argentino (6). De acuerdo a Newton, nada surgió del proyecto, aunque a principios de 1943 doce cañones antiaéreos llegaron a la Argentina desde Suiza vía España.

Uki Goñi, en una crónica desligada de referencias internacionales, carente de un mínimo análisis político y socioeconómico, sobrecargada de mitos vetustos y que pareciera novelada, narra la reunión -conocida por Castillo- del filofascista Juan Carlos Goyeneche con Ribbentrop en Berlín a fines de 1942. Goyeneche no era un enviado plenipotenciario como parece sugerir este escritor, sino un funcionario de orden menor que operaba al margen de los canales oficiales. Pero es cierto que la entrevista tendría sus consecuencias, en opinión de Newton, las livianas promesas de Ribbentrop alentarían a los militares argentinos a insistir en el pedido de equipamiento bélico.

Notas:
(5) Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina. 1928-1945. De Yrigoyen a Perón, Buenos Aires, Hyspamérica, 1985, pp. 246-251.
(6) Beatriz J. Figallo, El Protocolo Perón-Franco: relaciones hispano-argentinas, 1942-1952, Buenos Aires, Corregidor, 1992, pp. 24-27.


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Mensaje por 27Pulqui » Sab Abr 05, 2008 4:32 pm

NUEVAS TRATATIVAS EN 1943

El 4 de junio de 1943, las Fuerzas Armadas ocuparon el poder y pusieron fin a la restauración oligárquico-conservadora que ellas mismas habían promovido en septiembre de 1930. En el gobierno presidido por el general Pedro Ramírez había paridad de fuerzas entre rupturistas y neutralistas. El ministro de relaciones exteriores, vicealmirante Segundo R. Storni, que estaba a favor de la ruptura, a fin de levantar el embargo de armas envió una carta conciliatoria a Cordell Hull. El secretario de Estado, en evidente incomprensión de la política argentina, antepuso de manera terminante el rompimiento a toda concesión, haciendo públicas las dos misivas. El tropiezo resultó fatal para el sector de proaliados rupturistas, y dio lugar en octubre al predominio de las tendencias nacionalistas.

El régimen militar tenía el temor de verse involucrado en una guerra con el Brasil, que por entonces ofrecía en su territorio bases para el despliegue de fuerzas aeronavales de los Estados Unidos. Esta aprensión, que hoy nos parece equivocada, era incitada por la inteligencia norteamericana. El secretario presidencial consultó al encargado de negocios alemán si Alemania estaba en condiciones de enviar entre 800 y 1.000 aviones, así como materias primas y asistencia para la producción local de municiones. Su interlocutor estaba incapacitado para responder a semejante pedido, pero quedó abierta la posibilidad.

El informe de la CEANA –elaborado por Quijada y Peralta- da cuenta de gestiones del coronel Carlos Vélez ante el gobierno español en aquellos meses. Hay un probable embarque con destino a Buenos Aires, es material ingresado en la aduana de Bilbao en noviembre de 1943, se desconoce la procedencia. A fines de diciembre de 1943, en Lisboa, Vélez se reúne con el representante de la fábrica germana de armas Waffen Union Skoda-Brunn. La conversación giró sobre la posibilidad de que Argentina pudiera comprar a Alemania artillería antiaérea, artillería antitanque, etcétera. La embajada alemana en Madrid creyó que la posibilidad de transportar armas hacia la Argentina sería difícil, a pesar de que dicho negocio sería una garantía para mantener la neutralidad del país sudamericano. No hay detalles que indiquen si se concretó la transacción.

Concomitantemente, un fallido intento de proveerse de armamento germano destruyó la ya tenue pretensión de mantener la neutralidad. Un enviado que viajaba a España es detenido por los ingleses en la escala antillana de Trinidad. Ante la amenaza de Hull de hacer públicos los intentos por entablar negociaciones secretas con el régimen nazi, unida a la denuncia de participación argentina en el golpe de estado en Bolivia de diciembre, Ramírez rompió las relaciones con el Eje el 26 de enero de 1944. Pero la neutralidad había dejado de ser el principal problema diplomático. Para Londres la ruptura nunca fue prioritaria, así que continuó con la política de asegurarse los suministros argentinos y la protección de las inversiones inglesas. Como el corte de los vínculos no se hizo en los términos de Washington, las tensiones con Estados Unidos subieron de nivel hasta el reemplazo de Hull a fines de 1944.

Debido a la disconformidad por el abandono de la neutralidad a cambio de nada, pasados casi dos meses, Ramírez es forzado a renunciar. Con él se alejan los ultranacionalistas. Asume la presidencia el general Edelmiro Farrell, detrás de éste asciende posiciones el coronel Juan Perón. Washington aplica la política de no reconocimiento al nuevo presidente, y Hull conduce sus esfuerzos a la destitución del “nazi” Farrell, quien era un decidido probritánico según los recuerdos del embajador alemán y el agregado naval en los interrogatorios de los norteamericanos a funcionarios del Tercer Reich.

El régimen militar, en el período que va desde marzo de 1944 hasta su final en 1946, impulsado por las reformas sociales de Perón se orienta hacia un nacionalismo más moderado de tipo popular. En 1945, el cambio de política del Departamento de Estado durante el breve interregno del grupo de Edward Stettinius Jr. y Nelson Rockfeller facilita el acercamiento, la Argentina suscribe las disposiciones de la Conferencia de Chapultepec de febrero de 1945 –de la que es marginada-, y declara la guerra al Japón y a Alemania como aliada al primero.


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Editado el 22/7/09 para corregir el apellido Stettinius y la redacción del último párrafo
Última edición por 27Pulqui el Mié Jul 22, 2009 4:05 pm, editado 1 vez en total.
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Mensaje por 27Pulqui » Mar Abr 15, 2008 2:58 pm

CAPITALES ALEMANES EN LA ARGENTINA

Este capítulo aborda las inversiones fijas alemanas desde su origen y en comparación con otros capitales extranjeros radicados en el país del Plata, en especial con los procedentes de Gran Bretaña y Estados Unidos. Asimismo describe la proyección hacia la posguerra del intercambio comercial germano-argentino y de las inversiones alemanas en el marco de la nueva división internacional del trabajo originada por la Gran Crisis y consolidada en la inmediata posguerra, también frente a las posibilidades del imperio en decadencia y de la nueva superpotencia. Además reseña la relación de las firmas alemanas con el nazismo. Por último comenta las consecuencias de la guerra.


LAS INVERSIONES ANTES DE 1930

Entre 1870 y 1913 la Argentina multiplicó sus exportaciones por 45 veces mientras el resto de la región lo hacía por 7. Por la magnitud del crecimiento de las exportaciones durante la plena incorporación al mercado mundial, en este período la Argentina no tiene semejanza con otro país de América Latina, tal vez sí con la única excepción del Uruguay, otro productor de agropecuarios de clima templado requeridos por la expansión de la economía mundial. La hegemonía económica británica encontró en el desarrollo del modelo agroexportador platense a partir del último cuarto del siglo XIX un destino para sus colocaciones de capital, entretanto los propietarios argentinos de la tierra invirtieron continuamente en la ampliación de la frontera agrícola añadiendo nuevas unidades a la producción y refinando el ganado.

Simultáneamente el despegue industrial de Alemania y los Estados Unidos dificultó el abastecimiento de productos británicos en ambos mercados, agravado luego con la progresiva pérdida de competitividad de las industrias inglesas ante los avances tecnológicos de sus competidores. Esto impulsó a los británicos a expandir sus exportaciones de capital y dirigir su comercio hacia los mercados protegidos de su imperio y hacia las regiones periféricas que demandaban grandes inversiones de infraestructura. Entre 1860 y 1870 las exportaciones de capital se concentraban en un 36% en los Dominios y en un 10,5% en América Latina, para el decenio de 1880 a 1890 habían subido al 47% y al 20% respectivamente. En 1890, de los 424 millones de libras esterlinas invertidas en Latinoamérica, Argentina cubría 157 millones, Brasil –otrora la mayor partida- 69 millones, México 60, Uruguay 28, Cuba 27 y Chile 25. Estas son las raíces del potente lazo anglo-argentino comentado al principio de la exposición.

El ascenso de Alemania al grupo de potencias de primer orden dejaba poco margen para una corriente de inversiones hacia el extranjero, de manera que la participación germana en el crecimiento agroexportador argentino fue muy reducida. Cuando, finalmente, las empresas alemanas iniciaron su expansión internacional, las posibilidades que les brindaba la república platense se habían reducido notoriamente. Los sectores que habían liderado la transformación estructural, como los ferrocarriles o el puerto, habían sido ocupados ya por los capitales británicos o se veían presa de una naciente rivalidad entre capitales ingleses y norteamericanos, como en el caso de los frigoríficos.

Por otra parte, no eran esos los sectores en los que Alemania contaba con un potencial tecnológico y económico importante, que le permitiese competir en condiciones ventajosas, y el hábito de recurrir preferentemente a los servicios brindados por empresas connacionales originó también un mercado cautivo para actividades en las cuales inversiones de otras naciones habían consolidado ya una fuerte posición, como la bancaria y la de los seguros. La inserción alemana, condicionada por estas circunstancias, apuntó a sectores complementarios -aunque no carentes de interés y potencial-, como el de la electricidad, construcción, teléfonos, textil, químico y farmacológico, metalúrgico o de maquinarias.

Las filiales de grandes empresas germanas comienzan a instalarse en Argentina a fines del siglo XIX. En 1887 se inicia la actividad de la Compañía Telegráfica y Telefónica del Plata. Dos años después se funda la Brasserie Argentine Quilmes, con participación de capitales alemanes y en 1898 la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad, originalmente filial de la AEG. En las décadas siguientes se establecieron diversas empresas alemanas, inicialmente para facilitar la colocación de productos de las casas matrices, por lo que en principio eran sobre todo firmas comerciales. Posteriormente, y debido a la competencia con empresas de otro origen, así como de ventajas locales como los comparativamente bajos salarios, fueron incorporando actividades productivas, importando sólo una parte de las materias primas o productos semiindustrializados.

El flujo de inversiones se interrumpió con la Gran Guerra. Pasados los primeros años de la posguerra se produjo una nueva expansión, con la aparición o reaparición de emprendimientos tales como Siemens-Schuckert (1921), Hugo Stinnes (1924), Eldorado (1924), Krupp (1925), AEG (1925) o la Compañía Internacional de Teléfonos (1926). De todos modos, en los años veinte los capitales de los Estados Unidos pasaron a ocupar el segundo lugar en las inversiones provenientes del exterior.

Tabla 7
Origen de los capitales extranjeros en Argentina entre 1913 y 1931 en millones de dólares
Año.....Gran Bretaña.....Estados Unidos.....Alemania..... Resto de Europa
..............Inv......%......Inv.....%...............Inv......%.........Inv........%
1913......1.860.....59........39........1..........241......8.........996.......32
1917......1.882.....58........82........3..........265......8......1.004........31
1923......1.906.....62......193.........6.........275......9.........714........23
1927......2.002.....58......487........14.........275......8.........709.......20
1931......2.026.....55......654....... 18.........267......7.........714.......20


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27Pulqui
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Relaciones económicas germano-argentinas

Mensaje por 27Pulqui » Vie Jul 24, 2009 4:43 pm

LOS CAPITALES EN LA DÉCADA DE 1930

En este rubro los datos son aún menos confiables que en el intercambio comercial. Al problema de la falta de estadísticas detalladas se le agregan dos hechos: 1) en un país con un alto índice de inmigración, como la Argentina en la primera mitad del siglo XX, existen residentes de origen extranjero que se encuentran incorporados a la vida de la nación, perdiendo los vínculos económicos directos con su patria de origen, de este modo, el capital que ha cortado la relación permanente con la actividad productiva del exterior –aunque pudiera mantener vínculos comerciales- no debería considerarse extranjero; 2) filiales del exterior aparecen relacionadas a consorcios de capitales de diversos orígenes, haciendo difícil estimar la asignación a un determinado país.

No obstante las dificultades, las evidencias disponibles indican que desde la asunción del nazismo al poder las inversiones germanas detuvieron su crecimiento, la autarquía económica desplegada por el gobierno nazi -que afectaba la disponibilidad de saldos exportables y la colocación de capitales- condujo a la baja tasa de inversión en los años treinta. Rapoport y Musacchio encontraron grandes discrepancias según las fuentes, los capitales alemanes varían desde el tercer lugar al octavo de acuerdo con el autor. Pese a los inconvenientes, les fue posible establecer que las inversiones alemanas se encontraban en tercer lugar en paridad con las francesas, muy lejos de las británicas y algo más cerca de las norteamericanas. A su vez, si bien se concentraban en un puñado de sectores, ejercían sobre ellos una influencia determinante.

Tabla 8
Capitales alemanes en Argentina según distintas fuentes
Valores en millones
Fuente............Año........Dólares
Sommi...........1938..........540
C.I.A.A...........1938..........8,9
IG Farben .......1934..........325
E. Alemann.......1929.......250-350
Rippy.............1938..........540
Rapoport.........1931..........267

Una característica de las principales empresas es su elevado grado de concentración. Su inserción en sectores que hasta entonces habían recibido escasa atención por parte de capitales de otro origen las convertía inmediatamente en líderes. Además, muchos de estos sectores, por sus características, estimulaban la concentración. En algunos casos, se trataba de sectores que requerían un gran tamaño de planta (tal el caso de las empresas metalúrgicas, químicas o de materiales eléctricos) o de características intrínsecamente oligopólicas (como los teléfonos o la generación de electricidad). A esto se le sumaba el hecho de que, en general, las empresas que hicieron pie en el mercado argentino eran grandes consorcios que, por su potencial económico y/o tecnológico, se encontraban entre las líderes mundiales en el sector.

No obstante, la alta concentración no siempre requería un gran desembolso de capital. El caso de las empresas constructoras y metalúrgicas vinculadas a la construcción, por ejemplo, respondían a esta característica. Se trataba de actividades con gran demanda de mano de obra temporaria en los momentos de obras importantes, pero que no requería de un gran parque de bienes de capital sofisticados, de grandes estructuras edilicias, ni de una dotación de personal permanente numerosa. Por eso, la dominación del sector por parte de cuatro empresas de origen alemán fue compatible con inversiones cuantitativamente reducida. Otra característica notoria era la diversificación hacia diferentes actividades y la estrecha vinculación entre empresas, generalmente por intermedio de directores que ocupaban cargos en múltiples firmas.

El ejemplo paradigmático de esta característica es la empresa Siemens-Schuckert. De manera directa o a través de empresas vinculadas, el consorcio se dedicaba a la actividad eléctrica, al comercio, a la construcción y a la actividad financiera. Por otra parte, los miembros de su directorio formaban parte del directorio de otras 39 empresas, dedicadas a la industria, las comunicaciones, la cría de ganado, actividades agrícolas, alquiler de viviendas y seguros.

La vinculación entre empresas o grupos no sólo estaba dada por el control del paquete accionario o la presencia de directores comunes, sino también por sus relaciones comerciales o financieras. Un comportamiento habitual de las firmas multinacionales, particularmente acentuado en el caso de las alemanas, es el de abastecerse del grueso de los bienes de capital en el país de origen. También se tejían importantes lazos comerciales entre empresas alemanas radicadas en distintos sectores productivos dentro del territorio argentino. Así, por ejemplo, los grupos de productores e importadores de hierro y acero estaban estrechamente ligados a las firmas alemanas de construcción y máquinas viales que dominaban el mercado argentino.

Por lo general, las empresas trataban de integrar sus directorios en una proporción similar por alemanes y argentinos; estos últimos eran elegidos por sus influencias políticas y sociales. Debido a ello, muchos de los nombres que se repetían en numerosos directorios reflejaban la costumbre de utilizar las influencias de dichas personas.


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