Eleazar López Contreras: El Shindler venezolano

El genocidio nazi contra los judíos

Moderador: José Luis

Eleazar López Contreras: El Shindler venezolano

Notapor Francis Currey » Jue Nov 22, 2007 2:42 am

Eleazar López Contreras: El Shindler venezolano

El siguiente articulo esta sacado de la revista "Nuevo mundo israelita" del número 254

El militar y político Eleazar López Contreras nació en Queniquea (estado Táchira) el 5 de mayo de 1883 y murió en Caracas el 2 de enero de 1973. Fue Presidente del país entre 1935 y 1941. Durante su gobierno, en 1939, permitió la entrada de ochenta y seis judíos que llegaron al país en el barco Caribia y ciento sesenta y cinco que lo hicieron en el barco Köenigstein. En la bitácora presidencial y vital del General Eleazar López Contreras, el incidente de los barcos alemanes ha sido poco resaltado, aunque no olvidado por sus biógrafos. Ministro de Guerra y Marina en los días de Juan Vicente Gómez, López Contreras rechazó ser reconocido en forma caudillesca, esperando que fuera el Congreso Nacional el que reiterara su permanencia en la Presidencia de la República. De su gobierno se recuerdan numerosos gestos de nobleza, como la liberación de los presos políticos, la demolición de La Rotunda, el permiso de regreso al país de los exilados y, sin duda, su breve pero feroz batalla para consentir el acceso de los judíos de los barcos Caribia y Köenigstein. Quienes sobrevivieron al desafuero nazi gracias a la suerte de esos barcos, no cesan de reiterar que le deben la vida al General López Contreras, cuya familia fue homenajeada en la reciente conmemoración de la Kristallnacht
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Notapor Francis Currey » Jue Nov 22, 2007 2:42 am

LÓPEZ CONTRERAS: CIVILISTA Y HUMANITARIO
Abraham Levy Benshimol

El 17 de diciembre de 1935 murió en Maracay el General Juan Vicente Gómez, luego de gobernar a Venezuela con mano de hierro durante veintisiete años. Su ministro de Guerra, el también General y andino, Eleazar López Contreras, fue designado como Presidente de la República en su reemplazo, dando comienzo así a la lenta pero firme transición a un sistema de gobierno democrático y participativo.

Con toda razón, Mariano Picón Salas ha dicho que el siglo XX comenzó en Venezuela en 1936, después de la muerte del General Gómez. López Contreras, el militar civilista, dio inicio a una serie de reformas en medio de la agitación social del momento a la que contribuyeron tanto los elementos del gomecismo como los factores emergentes de la izquierda criolla, los nuevos partidos políticos, los sindicalistas y los estudiantes. López Contreras se irguió en factor conciliador frente a las asechanzas y dificultades que enfrentaba la República. Lo hizo con un estilo nuevo, sin precedentes en la Venezuela del siglo XX, de acuerdo con Rafael Arráiz Lucca: “La espigada figura del General inspiraba más la misericordia de la tolerancia que la dureza de los que ponen orden”. Y Domingo Maza Zavala, no muy afecto a las ideas políticas del General, expresó lo siguiente: “Es un período caracterizado por una oscilación persistente entre la reforma democrático-liberal y los procedimientos represivos, aunque estos últimos nunca comparables con el terror gomecista”.

López Contreras inició la transición antes mencionada hacia una democracia originada en leyes, dejando plasmadas sus ideas en el llamado “Programa de Febrero”, puesto en marcha el 21 de febrero de 1936. Clemy Machado de Acedo, en su biografía de Eleazar López Contreras, dice que para éste “en 1936 se daba inicio a un 'movimiento republicano democrático' que termina de consolidarse con el gobierno del presidente Isaías Medina Angarita”.

El país para ese entonces contaba con unos tres millones y medio de habitantes. Era una gran extensión de terreno prácticamente deshabitada. La mayoría de la población era analfabeta y sufría endemias como el paludismo, la amibiasis, la bilharzia y otras enfermedades, como la tuberculosis y la lepra, sin mencionar la desnutrición que hacía estragos en el país, pero con gente de gran corazón.

Es claro pues que, bajo cualquier óptica, uno de los grandes méritos del período 1936-1941, encabezado por López, fue auspiciar la evolución -y no el cambio brusco- del gobierno. Para esa época en Europa comenzaban a manifestarse signos ominosos del totalitarismo. Italia y Alemania se encontraban bajo gobiernos tiránicos que amenazaban la endeble paz firmada en Versalles en 1918, que dio por terminadas las hostilidades entre Alemania y los aliados. Una de las primeras manifestaciones del odio de los nazis hacia los judíos fue la llamada Kristalnacht o Noche de los Cristales Rotos, ocurrida en Alemania y Austria entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938. Las hordas nazis atacaron propiedades judías y apresaron a treinta mil judíos, muchos de los cuales fueron deportados a diferentes campos de concentración. Como resultado de la Noche de los Cristales Rotos, ciento noventa y un sinagogas fueron incendiadas, y setenta y seis completamente destruidas.

La Conferencia de Evián de 1938, convocada por el presidente Roosevelt para facilitar la emigración de refugiados de Alemania y de Austria, a la cual asistió Venezuela, no logró que la mayoría de los países del mundo abriera sus puertas a los judíos.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el número de judíos que ansiaba abandonar Alemania y Austria aumentaba día a día. Es bajo estas circunstancias que arribaron sucesivamente en 1939, a puertos venezolanos, dos barcos de bandera alemana: el Caribia y el Köenigstein, con numerosos judíos embarcados en el puerto de Hamburgo. Para ambos barcos hubo refugio en Venezuela: el Caribia ancló felizmente en Puerto Cabello el 3 de febrero de 1939, con ochenta y seis judíos, en su mayoría alemanes y austriacos. El Köenigstein lo hizo en La Guaira a comienzos del mes de marzo, luego de numerosas peripecias y rechazos en puertos caribeños. En este segundo lote viajaban ciento sesenta y cinco judíos. Además del humanitario comportamiento del general López Contreras, es de destacar lo realizado por el doctor Celestino Aza Sánchez, abogado venezolano, quien ofreció su hacienda en Mampote para recibir a los refugiados judíos. La esposa del presidente López se presentó prontamente con un camión lleno de víveres para aliviar las necesidades de los recién llegados. Asimismo, la comunidad judía de Caracas comenzó de inmediato la ayuda a sus correligionarios. Con el tiempo, la mayoría de los inmigrantes venidos en las llamadas “Naves de la Esperanza” se radicaron definitivamente en Venezuela, donde muchos de sus descendientes viven todavía.

Así fue el comportamiento de estos dos hombres justos, Eleazar López Contreras y Celestino Aza Sánchez, y de muchos otros venezolanos que acogieron a los refugiados judíos en momentos tan difíciles. Es por eso que hoy rendimos tributo a su memoria. Sus nombres serán siempre recordados con cariño y agradecimiento por todos los integrantes de la comunidad judía de Venezuela.

Por favor, ruego a los familiares del General Eleazar López Contreras y del doctor Celestino Aza Sánchez presentes en la sala se acerquen al estrado. También quisiera pedirle a Edwin Sensel y Susy Iglicki, pasajeros de los “Barcos de la Esperanza”, que nos acompañen en este merecido homenaje. Asimismo, me complace invitar a que nos acompañe a Perla Hazán, directora para Iberoamérica de Yad Vashem de Jerusalén, quien llegó esta tarde de Israel con el objeto de estar presente en esta ocasión.

*Palabras pronunciadas en el Acto de Recordacion del 69º aniversario de Kristallnacht realizado en la sede de B'nai B'rith el 8 de noviembre del 2007
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Notapor Francis Currey » Jue Nov 22, 2007 2:45 am

LÓPEZ CONTRERAS Y VENEZUELA, JUSTOS
Demetrio Boersner

El antisemitismo genocida de Adolfo Hitler y el partido nazi constituyeron la exacerbación extrema de un sentimiento que, lamentablemente, tenía raíces históricas de larga data. Sus razones eran múltiples y diversas: condena cristiana medieval al Pueblo Judío como “deicida”; rechazo al judío como capitalista, en medio de sociedades todavía feudales; desconfianza hacia un pueblo migrante y propenso al internacionalismo; percepción del judío como promotor de causas progresistas o revolucionarias. Pero tal vez el más profundo y letal motivo del antisemitismo es el resentimiento envidioso de “gentiles” mediocres ante judíos brillantes y exitosos.

Aunque nada indica que los descendientes de Jacob carguen un “gen de la inteligencia” transmitido por vía biológica, no cabe duda de que su cultura prioriza, como ninguna otra, el estudio y el ejercicio cerebral, de lo cual se deriva la existencia de un número sorprendente de judíos resaltantes en el ejercicio de sus oficios o profesiones. Como lo expresan John Loftus y Mark Aarons en su libro The Secret War Against The Jews (St. Martin's Press, Nueva York, 1994), los hebreos han sido, durante milenios, los únicos “nómadas letrados”, y los éxitos que con ello han logrado los han hecho víctimas del más feroz odio de algunos elementos del seno de los pueblos sedentarios receptores. Para justificar sus fracasos ante competidores judíos más capaces, inventaron paranoicas leyendas de “complot mundial” urdido por “sabios de Sión”.

El racismo y la xenofobia siempre se fortalecen en épocas de vacas flacas, cuando las tasas de desempleo suben drásticamente y se multiplican las quiebras. La catastrófica crisis económica mundial de 1930 dio máximo aliento a los odios contra “los otros”, y sobre todo, al antisemitismo. Hitler y el nazismo no hubieran triunfado en otra coyuntura distinta.

Mientras en Alemania la política antisemita avanzaba en forma galopante, de las leyes de Nuremberg (1934) a la Kristallnacht (1938) y, al mismo tiempo, del proyecto de expulsión masiva al proyecto de la Endlösung, la mayoría de los demás países mantuvieron actitudes negativas o pasivas ante la tragedia. Afectados por la recesión económica mundial, todos restringían la inmigración. Al mismo tiempo, en el mundo entero, el antisemitismo existía en forma abierta o velada en el seno de fuerzas políticas de derecha que desaconsejaban cualquier generosa iniciativa a favor de los judíos alemanes, o de los que eran sometidos a discriminación igualmente sistemática, aunque menos brutal, en otros países autoritarios de Europa del Sur y del Centro-Este. En cada caso, la actitud antisemita se basaba en la combinación de las percepciones del judío como “cosmopolita antinacional”, como “capitalista demasiado vivo”, y como “comunista y agitador revolucionario”.

Hubo notables y honorables excepciones en el rechazo a judíos en fuga ante el nazismo. Holanda (acogedora y tolerante por larga tradición) recibió a muchos fugitivos. Suecia acogió y salvó a la mayoría de los judíos de Noruega y Dinamarca, ocupadas por los nazis. Gran Bretaña acogió a numerosos refugiados judíos alemanes y austríacos (aunque por el otro lado les trancó el acceso a Palestina, violando el espíritu de la Declaración Balfour).

Estados Unidos, con parsimonia, otorgó visas y salvó vidas. Francia, durante los años del Frente Popular (1936-1938) recibió refugiados. La débil pero democrática Checoslovaquia de Masaryk y de Benes se mostró generosa y humana hasta dónde pudo. Pero ninguna potencia fomentó ningún gran plan multilateral efectivo para formar un frente contra la inhumanidad y crear un mecanismo eficaz para salvar al Pueblo Judío. La Conferencia Internacional de Evian, de 1939, convocada par discutir la “situación de los judíos”, fue -como la de Munich del año anterior- un monumento de hipocresía, inmoralidad, egoísmo y cobardía.

En América Latina, Uruguay, Costa Rica y México adoptaron, en general, una actitud positiva ante el problema de los refugiados perseguidos por el fascismo (tanto republicanos españoles como judíos). En cambio, fue negativa -y a ratos inhumana- la actuación de ciertos países hermanos en los cuales ejercía fuerte influencia una derecha clerical y oligárquica, a veces apoyada por sectores antisionistas de sus comunidades de origen árabe. Igualmente existían en América del Sur algunos movimientos nacionalistas populistas que se habían dejado influir por la propaganda y los dineros “nacional-socialistas” germanos y, por oportunismo o ignorancia, colocaron al “judaísmo” en sus listas de “enemigos”.

Venezuela, recién salida en diciembre de 1935 de su propia pesadilla tiránica, comenzó por modificar su política exterior, bajo la patriótica y prudente conducción del General López Contreras y del canciller Esteban Gil Borges, en un sentido de mayor soberanía y defensa del interés nacional, sobre todo en lo económico y petrolero. En el ámbito político, el país reafirmó su neutralidad ante conflictos externos, junto con su voluntad de contribuir al afianzamiento de la paz internacional a través de medios multilaterales. Al mismo tiempo, sin embargo, la opinión publica venezolana se fue volcando mayoritariamente hacia la defensa internacional de la democracia contra la creciente amenaza representada por el Eje nazi-fascista. El presidente Eleazar López Contreras, siempre inclinado a favorecer la causa del respeto de la dignidad humana, en lo personal sintió desde el comienzo una viva antipatía hacia Hitler y su régimen, y la inclinación a respaldar a las fuerzas liberales o democráticas que se le opusiesen.

En lo concerniente a la política hitleriana contra los judíos y la masiva emigración de éstos desde Europa Central, no sólo López Contreras como persona, sino la inmensa mayoría de la opinión venezolana, estaban preparados a adoptar una actitud de compasión y simpatía hacia los perseguidos. Pese a ello, se necesitaba coraje y entereza para tomar la decisión que López Contreras adoptó en 1938 con respecto a los refugiados judíos de los barcos Caribia y Köenigstein y a todos los que llegaron bajo circunstancias más normales entre 1937 y 1940. Internamente, unas pocas voces criticaron la inmigración judía por motivos de “inconveniencia” económica o política: no sentar un precedente de desmedida receptividad inmigratoria; no “desentonar” con las políticas de los demás países, etc. Pero no se escucharon argumentos francamente antisemitas, incluso por parte de quienes voceaban tales reservas. Por el otro lado, existía una mayoría arrolladora a favor de una política inmigratoria liberal hacia los judíos, que encontraron aquí su segunda patria amada. El General López Contreras no andaba solo en su posición de nobleza y justicia, distinta de la de otros gobernantes en la región, sino que lo acompañaba Venezuela toda: país libre y justo, con vocación de tolerancia y solidaridad incomparables.
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Notapor Francis Currey » Jue Nov 22, 2007 2:45 am

LÓPEZ CONTRERAS Y LOS BARCOS DE LA ESPERANZA
Clemy Machado de Acedo

Muchas son las razones por las cuales el Gobierno del General Eleazar López Contreras se distinguió; entre ellas, cabe mencionar el haber logrado una transición pacífica de una dictadura férrea y larga hacia un régimen de apertura democrática que descansa en la ley, y con un poder militar sometido al poder civil; haber diseñado e implementado lo que pudiésemos concebir como la primera política social en Venezuela -para atender los numerosos problemas de educación, salud e infancia abandonada, plagas que diezmaban a la población-, conocida como el Programa de Febrero.

Pero quisiéramos referirnos aquí a una tercera significación de su obra de gobierno, que fue su disposición a atraer inmigraciones capaces de aportar al desarrollo del país. Con este objeto crea, en agosto de 1938, el Instituto Técnico de Inmigración, que prepara la entrada de miles de familias de inmigrantes espontáneos y dirigidos, así como de venezolanos repatriados. Pero más importante aún fue su apertura para recibir y acoger a grupos de muy alto nivel que venían huyendo de problemas políticos en sus países de origen y es así como le abre las puertas a la inmigración judía y a otras, como la española, las cuales se encontraban en similar situación. Nos centraremos muy brevemente en la inmigración judía, originada en la persecución que se desató en Alemania desde 1933, y que produjo olas de migraciones y de huidas entre 1939 y 1945.

Es preciso tener en cuenta que en el contexto en el que se produjeron las migraciones de judíos aún imperaban leyes restrictivas para poder darles refugio. El caso de los judíos se encontraba entre la lista de inmigrantes “no deseables”, por su supuesta simpatía hacia los comunistas, o porque eran vistos como minoría poderosa, capaz de monopolizar el comercio.

Son éstas las condiciones en las que hacen su aparición frente a las costas venezolanas dos barcos de bandera alemana, el Caribia y el Koenigstein, que venían de Hamburgo. El Caribia hace intentos, sin éxito, en Trinidad y luego en La Guaira y Puerto Cabello, hasta que, habiendo enfilado hacia Curazao, recibe finalmente la autorización presidencial de desembarcar en Puerto Cabello, como resultado de los buenos contactos de la dirigencia ashkenazí y sefardí, y especialmente, de Fortunato Benacerraf, con el Gobierno. Se cuenta que no habiendo luz suficiente en Puerto Cabello para que el barco atracase y los pasajeros pudiesen desembarcar, se encendieron las luces de las casas del pueblo y de los automóviles y camiones que pudieron estacionarse en las cercanías del muelle en un emotivo gesto de solidaridad. Los pasajeros, agradecidos por el gesto humanitario del Presidente, publicaron una carta en el periódico Ahora.

La historia del Koenigstein es similar. Zarpa igualmente de Hamburgo, en febrero de 1939, con ciento sesenta y cinco judíos a bordo, y a los dos días de navegación se enteran de que en Barbados habían cerrado también la inmigración, sin oír los ruegos que durante ocho días se hicieron para que los dejaran desembarcar. Igual cosa les ocurre en la Guyana Inglesa y en la Francesa. Su capitán confesaría, años mas tarde, que de no haberlos admitido Venezuela, se hubiese visto obligado a “lanzarlos sin piedad al mar; pero se resistía a vivir con ese remordimiento de conciencia el resto de su vida”.

El barco llega a La Guaira el 27 de febrero, considerando a Venezuela como su último refugio; de otro modo hubiesen tenido que volver a los campos de concentración en Alemania, según telegrama enviado a López Contreras en nombre de la Sociedad Israelita del 3 de marzo. Al día siguiente, la Sociedad Israelita acusó recibo de un telegrama enviado por el propio López Contreras, en el que informaba haber pasado el asunto al ministro de Relaciones Interiores. Cuatro días mas tarde, los refugiados pisaban tierra venezolana.

El problema, entonces, era qué hacer con ellos, dónde alojarlos. El doctor Celestino Aza Sánchez tenía una hacienda en Mampote y, por intermediación de Natalio Glijansky, representante de la comunidad judía caraqueña, fueron llevados allí y alojados en todos los espacios de la propiedad. Con la colaboración de los vecinos y de la comunidad judía consiguieron comida para poder alimentarlos, presentándose la propia esposa del Presidente López, María Teresa Núñez de López, con un camión lleno de víveres, gesto que le valió años mas tarde una condecoración por parte de Unión Israelita de Caracas.

Se publicó una lista de ellos con sus nombres, edad, lengua, estado civil y ocupación, de manera de ayudarlos a conseguir trabajo, y pronto la mayoría fue tomando su propio rumbo, muchos en Caracas, otros en Maracaibo y otros consiguieron la visa americana y se fueron. Entre ellos había abogados, médicos, industriales, pero también agricultores, sastres, tenedores de libros, fabricantes de ropa, relojeros, electricistas, etc.

El presidente López Contreras nunca se arrepintió de la decisión de acogerlos y más bien se enorgullecía de la misma, pues a pesar del riesgo que representó, era el tipo de inmigración que quería para su país.



EL GLOBO TERRÁQUEO DEL JUDÍO Y EL GENERAL
Mauricio Goihman Yahr

Al principio, Hitler quería que Alemania -pero no necesariamente el mundo entero- fuese Judenrein. Por ello, permitió que los judíos escapasen de Alemania sin dinero, pero con sus vidas, e incluso, mercancías y maquinarias. En cierto momento, agencias nazis y sionistas colaboraron para hacer posible la salida de nuestros hermanos. Inicialmente, ello era posible y algunos se salvaron. Más tarde, y sobre todo a partir de 1936, las cosas se pusieron difíciles, no tanto por los alemanes, sino porque los demás países, incluso los más democráticos, cerraron sus puertas a los hebreos con una impenetrable cortina de basalto.

Una historia relata que un judío era entrevistado por un funcionario en una de esas oficinas “facilitadoras”. Este último tenía un globo terráqueo donde el judío debía señalar el país que preferiría para su residencia. El judío, por supuesto, señaló primero a Estados Unidos. “No es posible”, dijo el funcionario, “no lo recibirían”. Tampoco fue más afortunada la escogencia de Inglaterra, Francia, Brasil, Canadá, ni ningún otro país concebible. Dijo entonces el judío ya desesperado... ¿Tiene otro globo? El antijudaísmo fue notorio en los países llamados democráticos durante las décadas de los treinta y los cuarenta, incluso durante la Guerra Mundial. Parecía como si los que defendían la libertad y los derechos humanos compartieran con Hitler la noción que los judíos no éramos humanos, sino subhumanos. La cortina de basalto rodeaba toda la tierra y era casi impregnable. Recuérdese que aún en el acmé de la Inquisición y la expulsión de España, los judíos fueron bien recibidos por los otomanos... No había, por el contrario, puertas abiertas en esos años aciagos.

Es en ese contexto que debe juzgarse y valorarse la decisión del entonces Presidente de nuestro país, el General Eleazar López Contreras, de permitir la entrada de judíos literalmente errantes que tocaron las costas de Venezuela en uno de los barcos salidos de la Europa hostil.

Eleazar López Contreras era un hombre muy interesante y complejo. Casi un hombre para todas las estaciones, como el célebre y mártir Canciller de Enrique VIII de Inglaterra.

El General López Contreras nació en Queniquea (Táchira). Huérfano de padre, fue educado por un tío sacerdote. Graduado de bachiller y orientado hacia los estudios de medicina, se incorporó a la Revolución Restauradora de Cipriano Castro (su casi paisano) y formó parte del núcleo original de los noventa y nueve. La revolución llevó a Castro y a los andinos al poder. López sirvió a Castro como militar (incluso como edecán) y luego a Gómez, llegando a ser Ministro de Guerra y Marina. Era un hombre culto, seguidor de Bolívar, amante de la disciplina, pero no de la crueldad. Veía las cosas como eran y trataba de que fueran lo mejor que pudieran ser, y sobre todo, tuvo paciencia y supo esperar su oportunidad. A la muerte de Gómez se encargó interinamente del poder. Evitó que los extremistas, seguidores de Eustoquio Gómez, instauraran una dictadura más cruel que la anterior, e hizo también posible que no estallase la revolución de izquierda u otras revoluciones que hubiesen podido llevar el país al caos. Proclamó la calma y la cordura. Electo luego por el Congreso como Presidente de jure (no había aún elección ni voto universales y directos), ese General, calmo y cuerdo, hizo posible que Venezuela entrase en el siglo XX. Inició la reforma de la Salud Pública y de la Educación. Habló al país entero por radio (nunca antes se había hecho). Facilitó el desarrollo de las artes y, modestamente, de las ciencias. Redujo de motu propio su período presidencial de siete años a cinco. Rechazó la reelección inmediata y en 1941 le entregó el poder a Isaías Medina Angarita, otro General ilustrado, quien fuera electo también de modo indirecto, en un proceso comicial donde participó Rómulo Gallegos. Ese López Contreras fue el hombre que abrió una pequeña puerta en la cortina de basalto y permitió la entrada de judíos sin visa, y lo más importante: él y sus ministros -entre ellos, Uslar Pietri- hicieron que esa entrada se hiciese con dignidad, recibiendo a los náufragos de Europa con bondad y con ayuda humanitaria. De ese grupo quedan aún muchos en nuestra comunidad y han originado familias respetables, útiles al país a los demás judíos y al mundo.

En estos momentos donde los cielos parecen nublarse de nuevo y fantasmas que creíamos enterrados -con una estaca de fresno en el pecho- reviven en una orgía demoníaca, vale la pena recordar que hay una Venezuela que abre sus puertas y que integra con cariño y bonhomía.
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